A partir de mañana podría verse el real impacto de las medidas que está tomando el presidente de EE.UU., Barack Obama, sobre los mercados financieros. Sucede que el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, dará, ese día, los detalles del reformado paquete de rescate bancario, que utilizará los u$s 350.000 millones restantes del plan ideado por Henry Paulson. Esta nueva iniciativa contaría con la creación del denominado “banco malo”, aquél que se hará cargo de todos los activos tóxicos de las entidades financieras para depurar los maltrechos balances bancarios. Para la creación de esa entidad, el Tesoro estaría pensando en asociarse con el sector privado, según se supo ayer. La idea es que las entidades privadas también puedan comprar activos tóxicos, y en el futuro beneficiarse si esos instrumentos suben de precio.
A demás, se conoció que el Tesoro de Estados Unidos entregó más dinero del que debía a las instituciones financieras más problemáticas como American International Group y Citigroup, según un panel contralor del Congreso. Los supervisores señalaron que se pagó u$s 78.000 millones de más el año pasado mediante las inyecciones de capital de su Programa de Alivio de Activos en Problemas (TARP, por su sigla en inglés). La entidad estatal pagó u$s 254.000 millones a cambio de aciones y garantías por u$s 176.000 millones. Según el informe, el Tesoro hizo el peor negocio en su segunda ronda de inversiones en AIG por u$s 40.000 millones y en Citigroup por u$s 20.000 millones. Por cada u$s 100 invertidos en estas dos compañías, el Tesoro recibió títulos por un valor de u$s 41. Es que inversiones previas en ocho entidades consideradas “saludables” dieron un retorno de u$s 78 por cada u$s 100.
El segundo driver será el paquete de estimulo fiscal que Obama sigue reclamando al Congreso. Según estimaciones de JP Morgan, el paquete permitirá sumar 4 puntos porcentuales de crecimiento anualizado en el segundo y tercer trimestre de este año. Para Delphos Investment, las acciones que tomará el Congreso y el Tesoro podrían alentar cierto optimismo entre los inversores, permitiendo que el índice S&P 500 no corte a la baja el soporte situado en 800 puntos e intente experimentar cierta recuperación. De todas maneras, acotan, “los inversores deben recordar que las soluciones planteadas podrán traer mejoras en el corto plazo, pero de ninguna manera significarán un punto final para los problemas económicos y financieros”. Por lo tanto, dicen que la mejor estrategia para el corto plazo es el trading.
Por lo pronto, parte del optimismo que tiene depositado el mercado en las acciones del Gobierno se vieron el viernes pasado, cuando a pesar del pésimo dato de empleo (la tasa de desempleo pasó a 7,6% desde el 7,2% anterior) los inversores respondieron con un rally por las noticias entorno al plan fiscal y el rescate bancario. Para Scott Anderson, economista senior de Wells Fargo, la reacción quizás se dio porque el mercado creyó que lo peor ya se mostró con ese reporte de empleo. “O quizás porque después de esos datos se requerirán más acciones gubernamentales y más dinero para detener las pérdidas de trabajo”, agrega. De todas forma, Anderson es pesimista con el real impacto para los mercados y dice que, desp no “hay tal cosa como un almuerzo gratis”. |