El daño generado por la manipulación de las estadísticas oficiales va más allá de lo que pueden tolerar hasta los economistas del gobierno que pretenden mantener en pie su credo progresista o simplemente su racionalidad. El Indec intervenido por Moreno a partir de las órdenes del matrimonio Kirchner sostuvo ayer que la economía creció en enero cuando todos los indicadores sectoriales demuestran lo contrario; economistas que trabajan para el Estado saben que la recesión ya llegó el último trimestre del 2008 con una caída del 2,2% del PBI y un crecimiento anual que estuvo en torno del 3,3%, lejos del 7% informado por este organismo. ¿A quién cree que daña Moreno con esta actitud? ¿A los bonistas que tienen en sus manos deuda argentina? Al contrario: cuanto mayor sea el crecimiento informado por el Gobierno, mejores perspectivas tendrán de cobrar el bono atado al crecimiento. De hecho, si este año se da a conocer un crecimiento superior al 3,3%, habrá que pagar unos US$ 2000 millones el año próximo. En realidad, el mayor daño se lo inflige al propio Gobierno, que ya no sabe qué camino tomar para paliar la crisis más allá de fomentar la compra de bienes durables por parte de la clase media. "No se puede destruir así la credibilidad de un sistema de estadísticas", se lamentaba anoche un funcionario resignado por este fenómeno cuya salida parece difícil de imaginar. Es que este Indec también daña la propia convicción oficial de intervenir para regular el mercado, porque un sector público ciego, que no sabe cuánto crece la economía, el empleo o la pobreza, no puede actuar y menos planificar. Y si alguien que simpatiza con el Gobierno aún cree que el Indec tiene razón, que consulte entre los científicos del CONICET, que ya no pueden hacer sus investigaciones sin temor a estar equivocándose por un margen intolerablemente grande. |