Los países del G20 acordaron lo que no harán pero aún debaten sobre lo que debe hacerse. A horas de que se inicie la esperada cumbre, los países miembros consensuaron evitar una guerra de devaluaciones, que genere una carrera por la salida exportadora de la crisis, y también una suba general de los aranceles, que en un ola proteccionista margine a los países sin posibilidad de autoabastecerse.
El borrador del documento, cuya filtración generó acusaciones cruzadas, deja explícito que los veinte países se comprometerán “a llevar adelante políticas económicas en forma responsable con respecto al impacto sobre otras economías, y abstenerse de la devaluación competitiva de las monedas”. Y que esto provocará crecimiento económico global en 2010.
Además, el borrador del texto final enumera acuerdos para reforzar los recursos del Fondo Monetario Internacional (FMI), de los bancos multilaterales de desarrollo y del financiamiento del intercambio comercial, aunque sin precisar las sumas exactas del incremento.
Antes del encuentro, Estados Unidos presionó para aumentar los estímulos, pero Europa respondió que había hecho suficiente esfuerzo por el momento y rechazó las sugerencias de que sus planes de estímulo estén rezagados respecto Estados Unidos. El debate se redujo a una disyuntiva entre mayor estímulo o mayor regulación, y el riesgo es que el resultado sea un híbrido que no sea ni lo uno ni lo otro y no tenga el suficiente peso como para torcer el brazo de la crisis.
El borrador final de la cumbre incorpora un compromiso de mantener políticas expansivas según sea necesario “usando el rango completo de los instrumentos de política monetaria, incluyendo instrumentos no convencionales de política, consistentes con la estabilidad de precios”.
La Argentina buscará que el FMI preste sin evaluar ni criticar las políticas económicas locales, y que los países emergentes tengan mayor poder de voto en el directorio del organismo. Brasil le pondrá fichas al control de los paraísos fiscales, que permita reducir la evasión.
Pero estas decisiones estructurales, como la creación de una moneda internacional para restarle peso al dólar, quedarán para un segundo encuentro que los líderes mundiales se comprometieron a tener antes de fin de año. Los países desarrollados coincidieron en que cualquier cambio de este tipo deberá ser gradual, mientras que la crisis debe atacarse primero en sus aspectos más urgentes, como asegurar la solvencia del sistema financiero. Pero si la urgencia se supera, será difícil que los Estados Unidos ceden el poder económico que le costó dos siglos construir por una crisis en camino de superación. China los sabe, y comenzó a jugar más fuerte en los últimos días con críticas al dólar.
La agresividad fiscal de Estados Unidos deberá conformarse con una sentencia que se incluyó al texto: “estamos comprometidos a suministrar la escala del esfuerzo sostenido necesario para restaurar el crecimiento mientras se asegura la sustentabilidad fiscal de largo plazo”.
Los mercados estarán atentos a lo que ocurra el jueves. A sólo horas de la reunión, el riesgo es que las conclusiones sean decepcionantes y crezca la incertidumbre. Por si acaso, varios funcionarios comenzaron a atajarse: el ministro de Finanzas británico, Alistair Darling, adelantó ayer que no habría compromisos específicos de gastos y que los problemas del mundo no se resolverán en un solo día. |