Los efectos de la crisis avivan día a día la polémica en una dirigencia argentina envuelta en el clima preelectoral. Mientras los industriales se trenzan en la discusión sobre proteccionismo o apertura de importaciones y el sindicalismo marca sus diferencias sobre el impacto que el freno de la economía produce en el mercado laboral, el Gobierno se debate por estas horas entre la inconveniencia política y las necesidades financieras de acudir a un viejo conocido: el Fondo Monetario Internacional.
Y es que nada pone más incómodo al matrimonio presidencial que tener que acudir al organismo otrora denostado, para atravesar sin sobresaltos lo que resta del año. Y más aún si, como ocurrió ayer, quien sale a poner sobre el tapete esta necesidad es el vicepresidente Julio Cobos.
Pero lo concreto es que la actividad económica no se recupera, el superávit fiscal se desploma, el gasto público crece a un ritmo veloz, el financiamiento interno se agota y el de los mercados brilla por su ausencia. Ante ese panorama, el Gobierno ya decidió solicitar préstamos a los organismos financieros, como lo hizo días atrás con el BID y lo seguirá haciendo esta semana con el Banco Mundial. Solo resta saber si el próximo en la lista será el FMI. Aunque la respuesta, difícilmente, llegue antes del paso por las urnas. Walter Brown Jefe de Redacción wbrown@cronista.com |