Las renovadas dudas que se generaron entre los inversores sobre la salud de los grandes bancos generaron las condiciones para que Wall Street, y el resto de las plazas de la región, se hayan puesto más cautelosas ante la súbita irrupción de la gripe porcina. Ayer ese mercado despertó con la noticia de que la Reserva Federal tiene previsto demandarles al Citigroup y el Bank of America (BofA) nuevas inyecciones de capital, en el marco de los resultados que dejó la "prueba de estrés" a que fue sometido en los últimos días todo el sistema financiero de los Estados Unidos. La noticia, no desmentida, provocó que las acciones de ambas entidades se hundieran 5,9 y 8,6%, respectivamente, mientras en el mercado florecían versiones sobre otros bancos (se mencionó mucho a Wells Fargo) que estarían en situación similar. La "prueba de estrés" consiste en plantear la extensión en el tiempo (y algún grado adicional de empeoramiento) en el actual escenario negativo para tratar de prever qué impacto tendría en la salud patrimonial de esas entidades. Pero la filtración al mercado de las gestiones que comenzaron a realizar los reguladores para pedir refuerzos de capital golpeó el optimismo que había generado entre los inversores la reciente divulgación de balances del sector menos malos de lo esperado. De hecho, los analistas tienen muy presente que la recuperación de Wall Street comenzó en marzo, luego de que se difundió un informe adelantando que el trimestre no pintaba tan mal como se preveía para el Citigroup. Tal vez por eso, la reacción de ayer, aunque se fue morigerando en el transcurso de la jornada, dejó el índice de bancos KBW en Wall Street con una pérdida del 2,9 por ciento. Sin embargo, la mayor baja del día en aquella plaza fue para las acciones de General Motors, que descendieron 11,3% una rueda después de haber avanzado 20,7%, tras conocerse el plan de reestructuración de la compañía. Con todo, la baja en los índices de la Bolsa de Nueva York fue muy moderada: perdieron 0,10% el Dow Jones, 0,27% el S&P 500 y 0,33% el Nasdaq. La cautela en Wall Street contagió al resto de la región. Y la Bolsa porteña no pudo sustraerse de ella, como lo demostró su magro volumen de negocios (apenas $ 29,3 millones con papeles locales). Después de todo, no encuentra motivos en la economía local para desengancharse. El índice Merval lo pagó con una caída marginal del 0,06% al cabo de una rueda muy volátil que lo había mostrado, hasta casi una hora antes del cierre, en terreno positivo. Javier Blanco
|