Por IGNACIO OLIVERA DOLL - El real brasileño no explica toda la vida del dólar en la Argentina; pero sí, se sabe, una gran parte. La moneda de Brasil ya alcanzó ayer un nuevo máximo en los últimos siete meses, y sirvió para ayudar, al menos en algo, ese trabajo “artesanal” que en la Argentina Martín Redrado se encarga de realizar sobre la “competitividad” del tipo de cambio. “Brasil es el principal socio comercial, y al atenuar la devaluación de su moneda le resta muchísima presión al Banco Central argentino para tener que seguir ese camino de devaluación”, aclaró ayer a este diario Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica.
Por estos días, el retorno de los capitales que huyeron espantados por la crisis de las economías emergentes se produjo bastante más rápido de lo que se esperaba, y empezó a dar un buen alivio a los gobiernos latinoamericanos en los manejos de la política monetaria. Producto de esta tendencia, el real brasileño avanzó ayer un 0,58%, hasta las 2,059 unidades por dólar en el mercado interbancario (el mayor valor desde octubre pasado), y logró acumular con eso una apreciación del 18% desde el 2 de marzo pasado hasta hoy. Semejante movimiento obligó al Banco Central de ese país a intervenir con “compras” de divisas en la plaza cambiaria, como ya lo había hecho el viernes pasado, por primera vez desde el 10 de septiembre.
Los analistas reconocen que esta atmósfera que hoy respira el mercado cambiario de Brasil ya logró aliviar buena parte de las presiones devaluatorias que pesaban sobre la Argentina, en donde el peso se depreció 3,6% desde el 2 de marzo hasta los $ 3,721 actuales. Y en las consultoras ya hay quienes recuerdan que, en septiembre pasado, la relación “peso versus real” estaba en una paridad “nominal” idéntica a la actual. Y eso, sugieren, obliga a pensar en una devaluación bastante menos ambiciosa que la que venían proyectando: “En los niveles actuales, de un dólar entre $ 3,70 y $ 3,80, estamos con la misma paridad nominal; o sea, sin tener en cuenta los precios. La apreciación tranquiliza la situación y relaja las tensiones que surgieron a fines del año pasado”, consideró el economista Mauricio Claverí, de la consultora Abeceb.
La mejora de competitividad en términos nominales ya se ve en las expectativas a futuro que existen sobre los tipos de cambio de ambos países: en la Argentina el dólar para fin de año ya está puesto en los $ 4,10, lo que supondría una depreciación del 9,62% para el peso; en Brasil, en cambio, la divisa podría ubicarse entre 2 y 2,2 reales, no demasiado lejos de los niveles actuales.
Aún así, la inflación a “tasas argentinas” repercutiría en un retraso nada despreciable: la estimación de suba de precios para este año son de alrededor de 15% en nuestro país; mientras que, en Brasil, son de apenas 4%. “La caída en la demanda doméstica brasileña redujo mucho la presión inflacionaria, y hoy se da una diferencia de 10 puntos porcentuales entre ambos países en términos de precios, que para la Argentina apreciaría la paridad real”, agregó Claverí.
La semana pasada, un estudio de la consultora Economía & Regiones había estimado que “si el real se mantuviera en torno al nivel de 2,20 unidades por dólar, el BCRA necesitaría subir el tipo de cambio nominal $ 4,20 para recuperar la competitividad récord lograda en julio de 2008”. El economista Mario Sotuyo, de esa consultora, aseguró que “a medida que el real se aprecie, el BCRA va a estar más libre y el número de $ 4,20 cada vez será menor”. Pero que, aún así, hoy se mantiene una “percepción” de que la moneda va a seguir su devaluación: “Hoy se ve que el Gobierno no tiene de dónde agarrar más fondos, y una variación nominal implica mayores ingresos de caja para el sector público”, agregó. Consultados por la cuestión, una fuente del Central explicó que “esto muestra la diferente idiosincrasia de cada país: Brasil ha tenido altibajos que, de haberlos tenido la Argentina, hubieran sido muy negativos”, dijo. |