Por Javier Blanco - El precio del dólar experimentó ayer la tercera suba consecutiva en el segmento mayorista de negocios (lapso en que pasó de $ 3,730 a 3,760), en el marco de un lento deslizamiento que habitualmente antecede a la corrección alcista de su valor al público. El dólar en las casas de cambio del microcentro porteño se mantiene desde el viernes estacionado en $ 3,77 para la venta, su máximo del año, aunque en algunas de ellas se terminó ofreciendo a $ 3,78. El avance se registró pese a la intensa actividad desplegada por el Banco Central (BCRA) en los últimos días en el mercado físico y el de futuros, una acción con la que intenta mantener los precios en equilibrio en un mercado más presionado por la creciente demanda de empresas y ahorristas, como suele ocurrir ante el advenimiento de cualquier elección considerada importante. Además, el avance se produjo en una jornada, en la que el precio internacional de la divisa volvió a mostrar señales de debilidad. Perdió terreno frente a monedas de similar envergadura, como el euro y el yen, y contra casi todas las emergentes, tras dos días de rebote, un movimiento que quedó mejor reflejado en la revalorización del 1,4% que registró ayer el real brasileño, que luce cada vez más consolidado debajo del nivel de los 2 reales por dólar (se cambió ayer a 1,9380). La mención tiende a recordar un dato que ya no pasa inadvertido para nadie: la tendencia a devaluarse que exhibe la moneda local ya no tiene nada que ver con la crisis mundial sino que es reflejo exclusivo de los inconvenientes y la falta de visibilidad que enfrenta y ofrece la economía argentina. Si bien es cierto que desde el comienzo de la crisis financiera internacional, en septiembre de 2008, el dólar tendió a apreciarse frente a las principales divisas de la región (movimiento que no se reflejó en la misma proporción en la Argentina por la prudencia con que el BCRA se manejó en un contexto de marcada fuga de divisas), esta tendencia comenzó a revertirse fuerte desde comienzos de marzo, al punto de que, en muchos casos, las monedas ya desandaron más de la mitad del camino. Contrariamente, en todo ese lapso, el peso nunca cambió una tendencia depreciativa, que se acentuó en los últimos meses. Se ha devaluado más del 22%ininterrumpidamente desde el inicio de la crisis, en el marco de un proceso al que nadie se atreve a vaticinarle una reversión próxima. Esa percepción es la que está presente tras la sostenida demanda de dólares que se registra, pese a que las autoridades intensificaron los controles para tratar de reducir el nivel de demanda. Por ejemplo, ayer, en una apertura de mercado sin presencia oficial, las sostenidas órdenes de compra hicieron que la cotización mayorista del dólar superara la barrera de los $ 3,76 (llegó a $ 3,762 pasada la primera hora de operaciones), un movimiento que pareció convencer al BCRA de jugar sus fichas. Fue entonces cuando el ente monetario salió a ofrecer lotes de venta por US$ 100 millones cada uno en el sector donde operan bancos y empresas, con lo que revirtió la tendencia imperante e hizo caer el precio hasta los $ 3,758 por unidad. De allí en más, la cotización volvió a deslizarse al alza. El mayor nivel de demanda no llama la atención de analistas ni operadores. Lo esperaban ante la cercanía de las elecciones y de cara a la historia, que muestra a los argentinos acudiendo a su refugio de valor preferido ante cada episodio de incertidumbre cual si se tratara de un acto reflejo. |