Por LEANDRO GABIN - El “veranito” financiero que atraviesa el mundo y particularmente los bonos argentinos no significa que al país se le hayan abierto las puertas al financiamiento. Si bien los rendimientos de los títulos, por caso el Boden 12, bajaron de 60% en dólares en noviembre del 2008 a menos del 30% en la actualidad, el costo de colocar deuda para la Argentina es gigantesco. Actualmente, los títulos locales rinden el doble que los de Hugo Chávez y cinco veces más que los de Brasil (comparando emisiones de corto plazo en moneda dura). Es más, si Crisitina Fernández de Kirchner quisiera colocarle otro Boden 15 a Venezuela, este título tendría que subir 75% de acá a fin de año para que el rendimiento (o sea el costo que asumiría el Gobierno) baje lo suficiente para empatar el fatídico 15% que se pagó en julio del 2008, cuando por la alta tasa se disparó el miedo a un default. El Boden 15 actualmente tiene un retorno del 28%, disminuyendo del 55% que ostentaba en el peor momento de la crisis financiera. O sea, sigue cotizando a un precio muy bajo a pesar de que este año ya sube 51%.
De esta manera, el “alivio” financiero no alcanza para poder colocar deuda, ni siquiera a Venezuela (el prestamista de última instancia). Si bien hay rumores de cierto acercamiento entre el Gobierno y Chávez para poder emitir un bono, es más probable que la fuente de financiamiento siga siendo intra-sector público. De hecho, por las estas altas tasas que tendría que convalidar el país es que no se avanzó en el canje de Boden 12 (sólo este adelantamiento de pago). Sucede que el 65% de los tenedores de Boden serían inversores extranjeros que no estarían dispuestos a canjear sus títulos por otros a largo plazo sin una tasa elevada.
En definitiva, hubiera sido un costo inadmisible que podría –otra vez– disparar los temores a una cesación de pagos. Por ejemplo, tomando los flujos hasta fin de año y un tipo de cambio similar al actual, para que el rendimiento del Boden 12 baje del actual 27% al 15% (límite imaginario por la última colocación argentina de deuda), el título tendría que subir 31%. Para muchos en el mercado financiero, prácticamente una misión imposible.
El mejor clima no benefició exclusivamente a la Argentina. Los spreads de tasas bajaron en todo el universo emergente, gracias al mayor apetito de los inversores por alternativas más atractivas. De hecho, tomando el EMBI que elabora JPMorgan (que mide la sobretasa que pagan los bonos emergentes por sobre la deuda de Estados Unidos), en lo que va del año, el diferencial de la Argentina no es la que más bajó. En América latina, incluso los que tienen mejor reputación que nuestro país como Brasil, Uruguay, Colombia y Perú vieron como sus costos de fondeo caían más del 40%.
Pero es cierto que algunos bancos de Wall Street empezaron a encontrar buenas alternativas en los títulos locales por los rendimientos ofrecidos (mera especulación). Vladimir Werning, de JPMorgan, dice que el préstamo del BID por u$s 3.300 millones es una buena noticia para los bonos ya que reduce las necesidades de financiamiento del gobierno.
En perspectiva, el primer tramo desembolsado por u$s 1.300 millones sólo compensa la fuga de capitales que vivió el país en mayo pasado, y los u$s 3.300 millones equivalen a poco más de la mitad de la fuga del primer trimestre. En este caso, al igual que con la suba de los bonos, el alivio no llega a despejar la dudas. |