En su esfuerzo por defender al peso de las presiones devaluatorias, y para espantar las demandas locales hacia una mayor competitividad cambiaria, Redrado tiene a Brasil como el mejor aliado de los últimos meses. La mayor confianza de los inversores globales en esa economía, “predestinada” en estos días a ser la vedette en el mapa de la postcrisis, y a posicionarse en los próximos años como la economía emergente líder a nivel internacional, provocó una fuerte entrada de capitales que dejó al real, en el último trimestre, con la mayor apreciación desde su debut en 1994.
“Con la fuerte entrada de divisas en Brasil, y la gran dolarización de cartera que generó la incertidumbre en la Argentina, hoy ya recuperamos el terreno de cuando ellos estaban en su mejor momento, y se dio el máximo de competitividad cambiaria. Hace unos meses, cuando ellos devaluaron, en la Argentina pedían un dólar a $ 4,20 y $ 4,30 para volver a los niveles de junio de 2008; hoy no debería depreciarse mucho más allá de los $ 3,90”, explicó el economista de Abeceb, Mariano Lamothe.
El real se valorizó casi un 20% en la primera mitad del año, al pasar del nivel de las 2,3145 unidades por dólar, a fines de 2008, a las 1,9520 de ayer. Así se ubicó segunda en un podio global, en este período, , detrás del rand sudafricano, entre las 16 monedas más negociadas del mundo y medidas por Bloomberg. “Es probable el real se siga fortaleciendo más aún, bajo la percepción de que Brasil probablemente crecerá más rápido que la mayoría de los demás mercados emergentes, y después de una muy agresiva reducción de las tasas de interés”, explicó a esa agencia el economista jefe para Latinoamérica de Standard Chartered Bank, Douglas Smith.
El real mostró un fuerte contraste con la sensible depreciación que, en igual período, registró el peso argentino, de 9%. “A estos niveles debemos estar en un 90% de lo que fue la mejor relación entre el real y el peso, que estuvo entre enero y junio del 2008”, explicó el economista Horacio Costa, de DPA Consultores.
Aún así, el gran avance de la moneda brasileña se vio en el segundo trimestre, cuando pasó de las 2,3228 unidades por dólar a las 1,9520, y se revaluó 19%. En la Argentina, en cambio, el peso llegó a depreciarse ese tiempo un 2%.
Para medir la competitividad del tipo de cambio real, las consultoras locales estiman que habría que considerar el efecto de los precios y los salarios en ambas economías: en la Argentina fue de 16% y 20%, respectivamente, pero en Brasil no superó el 6% y el 10%.
Mucha incertidumbre
Los analistas advierten que, estando hoy lejos el obstáculo de la depreciación en la moneda brasileña, la fuga de capitales es ahora el mayor impedimento que hoy tiene Redrado para evitar una presión sobre el billete a nivel local. “La capacidad del Central está fuertemente limitada por el permanente proceso de salida de divisas del sistema que está sorpotando. El tema cambiario es un capítulo distinto”, agregó Costa. A su juicio, además, hoy la competitividad de la Argentina respecto de su principal socio comercial no depende tanto del tipo de cambio de ambos países, como del nivel de actividad en ese país: “La capacidad que tiene la Argentina para exportarle a Brasil es más elástica a la tasa de crecimiento de Brasil, que a la paridad cambiaria”, explicó. Días atrás, el economista jefe de BNP Paribas, Rafael de la Puente, advirtió en una entrevista con El Cronista que debe esperarse que la devaluación del peso continue, “porque aún permanece mucha incertidumbre”, porque “la fuga de capitales” empuja a una depreciación. Pero consideró que “la necesidad de devaluar es menor, por la fortaleza del real y la debilidad del dólar. Calculamos en $ 4,30 para fin de año”.
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