Por Lucas Colonna - Nueve meses después de que la presidenta Cristina Kirchner anunciara el pago de la deuda con el Club de París con reservas, los países acreedores de la Argentina que forman parte de ese grupo comenzaron en los últimos días a reclamar a la Casa Rosada que cumpla con el compromiso contraído, pero nunca cumplido, de cancelar ese pasivo. Es el caso del gobierno alemán, que conduce la canciller Angela Merkel. El embajador de ese país en Buenos Aires, Günter Kniess, dijo en una entrevista con LA NACION que la administración de Merkel tiene "expectativas" de que Buenos Aires formalice el pago en el corto plazo, y calificó la deuda como "una piedra en el zapato". Además, en alusión a las demoras para cumplir la promesa oficial, advirtió: "No creemos que sirva esperar tanto tiempo". El Gobierno anunció en septiembre último el pago total de la deuda, calculada entonces en unos 6700 millones de dólares. El Club la había calculado en 7900 millones. Hasta hace un mes estaba en estudio una propuesta que acercó el banco de inversión francés Lazard Frères para saldar los compromisos por un monto menor a aquellos dos: 6000 millones de dólares. Pero la presidenta Kirchner anticipó en la conferencia de prensa que dio a comienzos de la semana pasada que el pago estaba en standby, como consecuencia del escenario de volatilidad internacional. Kniess recibió a LA NACION en su despacho de la embajada en Buenos Aires. Allí, ponderó las relaciones bilaterales económicas, pero señaló con énfasis la necesidad de avanzar con el cronograma de pagos con el Club de París pues, dijo, serviría para poder garantizar y profundizar las inversiones alemanas en la Argentina. Consideró que el mismo efecto podría producir la resolución de la situación de los bonistas que siguen en default, luego de rechazar el canje de la deuda argentina propuesto en 2005 por el entonces ministro Roberto Lavagna. "Las relaciones se dan sobre una base sólida, de más de 150 años", destacó el embajador. Si bien llegó a la Argentina hace un año, Kniess es un conocedor de la región. Fue embajador alemán en Nicaragua en la década del 80, cuando ese país estaba en plena revolución sandinista. "Fueron épocas muy difíciles", recuerda el diplomático, que consideró un privilegio que le hubieran dado como destino Buenos Aires. -La situación de los bonistas en default y la del Club de París siguen irresueltas. ¿Cuáles son las expectativas alemanas respecto de estos dos asuntos? -Al gobierno alemán le interesa la situación del Club de París, porque ahí es un acreedor. En septiembre pasado, la Presidenta anunció que iba a dar pasos para arreglar la situación con el Club y con los holdouts. Eso lo celebramos como un paso muy positivo. Después vino la debacle financiera y hubo momentos de espera. Al mismo tiempo se trabajó en consolidar los datos de la deuda. Pero eso ya concluyó. Así que estaríamos listos a dar pasos para llegar a un arreglo. -¿Y Alemania espera que la Argentina dé esos pasos, incluso en este contexto, local e internacional? -Siempre lo esperamos, por supuesto, porque no creemos que sirva esperar tanto tiempo. Incluso en la recuperación que va a venir a nivel mundial, estamos convencidos de que podríamos utilizar el potencial que tenemos en materia de inversiones en una medida más alta, si estas dos piedras en el zapato ya no estuvieran. -¿Cuál sería el efecto positivo? -Ya no existirían las acciones de los holdouts tratando de embargar bienes argentinos. Y en el caso del Club de París, Alemania podría otorgar garantías para créditos e inversiones de empresas alemanas que estén invirtiendo y vendiendo grandes plantas de infraestructura que la Argentina necesita en materia de infraestructura y energía. Hoy el gobierno alemán no las puede dar. Cuando existe la situación de un deudor que no paga su deuda, es obvio que si la paga va a tener un efecto positivo sobre las inversiones. -En una visión realista, usted diría que la Argentina está hoy, con un contexto internacional de crisis y luego de un proceso electoral interno desfavorable para el oficialismo, en condiciones de tomar una decisión para avanzar en ese sentido... -Yo creo que ahí se trataría de seguir los pasos para que surja una solución con el Club de París, que se convenga en que se den pasos, fijar una agenda y un calendario mediante el cual se pueda llegar a un arreglo que sea aceptable para las dos partes y que nos lleve al objetivo de que esto ya no sea una cuestión abierta en la relación bilateral. -¿Ese arreglo debería ser auditado por el Fondo Monetario Internacional? -Los miembros del Club de París no negocian aparte. En el Club hay reglas, y eso [en referencia a la auditoría del FMI] es una regla. -¿Qué sucede con las relaciones económicas bilaterales en este momento de crisis mundial? -El volumen del intercambio comercial entre los dos países era en 2006 de unos 3600 millones de dólares, y subió en 2008 a 5100 millones de dólares. El alza fue de casi 50 por ciento en dos años; es mucho. Pero esas cifras no se van a mantener en este nivel, eso es obvio. Las inversiones alemanas siguen igual, planteadas a largo plazo. Muchas empresas alemanas están en el país desde hace 100 años o más y tienen una visión de largo plazo. No vienen para cuando soplan los vientos a favor y luego irse, sino que se quedan. |