A principios de octubre de 2008, los gobiernos de la Argentina y Brasil habían anunciado, con bombos y platillos, el lanzamiento del Sistema de Pagos en Monedas Locales (SML), un mecanismo que permite a exportadores e importadores de los dos países realizar sus operaciones en pesos o reales, sin utilizar la divisa estadounidense. Con su puesta en marcha, la información que comenzó a difundirse como reguero de pólvora, parecía no dejar lugar a dudas: títulos del estilo “El comercio bilateral se despide el dólar” inundaron en aquel entonces las páginas de los medios. El demorado proyecto fue interpretado como la panacea para las empresas, dada la reducción de costos financieros y administrativos.
De hecho, el día en que se oficializó, la presidenta Cristina Kirchner había calificado la nueva modalidad como un "hecho histórico". A su turno, el presidente del BCRA, Martín Redrado, y su par de Brasil, Henrique de Campos Meirelles, destacaron que iba a ayudar "a la integración regional" y a "reducir la vulnerabilidad de ambos países ante la crisis financiera internacional".
Redrado hizo hincapié además en que la aplicación del sistema "es una estrategia de desdolarización de nuestras economías, que toma mayor trascendencia ante este momento de crisis financiera internacionales".
Sin embargo, a nueve meses de haberse lanzado, la realidad muestra que el sistema por ahora no levanta vuelo, sino que “carretea” por una pista plagada de escollos, tales como la incertidumbre económica general, la contracción del comercio exterior en ambos países y la volatilidad del tipo de cambio.
Este cóctel generó que la adopción del SML por parte de las empresas sea más lento de lo esperado.
En efecto, desde el 2 de octubre y hasta el mes de junio, únicamente 212 firmas realizaron 373 operaciones en pesos o dólares, lo que arroja un promedio de menos de dos movimientos de importación o exportación por compañía.
Lo interesante es que, en total, según datos del Banco Central, el comercio bilateral alcanzado por el SML apenas superó los $230 millones que, a un tipo de cambio promedio de $3,55, arroja una cifra cercana a los u$s65 millones.
Teniendo en cuenta que durante esos nueve meses ambos países tuvieron un intercambio que superó los u$s17.290 millones, el sistema únicamente logró acaparar el 0,4% del total.
Cómo funciona Los técnicos destacan que se trata de una simplificación porque al no pasar por el dólar como moneda de referencia, disminuye los costos de transacción derivados del valor de compra y venta de la divisa. Esta reducción de costos puede ir de un 2 a un 3% por cada operación.
El SML es optativo y debe ser iniciado por el importador que deberá registrar su operación y ejecutar el pago en su propia moneda en una entidad financiera autorizada.
Una vez que queda registrada, se realiza la compensación entre los bancos centrales de los valores en moneda local. Luego, los mismos transferirán el crédito para los exportadores vía sistema bancario.
En la actualidad hay 21 bancos brasileños y 23 bancos argentinos habilitados para hacer operaciones mediante el SML.
Según destacó el BCRA, las entidades nacionales homologadas “representan el 81% del sistema financiero argentino”.
Un mal momento A pesar de las promocionadas ventajas, los expertos destacan las complicaciones que enfrenta el SML.
En diálogo con este medio, Enzo Mártire, gerente de Comercio Exterior del Banco Credicoop, sostuvo que “no fue muy feliz el momento en el que se decidió implementar el sistema. Hay operaciones, pero no en el nivel que esperábamos”.
En la misma línea, Raúl Ochoa, ex subsecretario de Comercio Internacional y miembro del comité académico de la Fundación Standard Bank, explicó que “esto va a tener baja utilización en la medida en que las fluctuaciones del tipo de cambio sean elevadas, como ocurre con la Argentina, que tiene una devaluación administrada pero permanente”.
“Mientras que los tipos de cambio tengan una fluctuación significativa, el tema del riesgo y la menor comisión por utilizar la moneda local y no tener que pasar al dólar van a estar siempre en la balanza”, recalcó.
Desde el propio Central destacan que “esta primera etapa del SML se desarrolló en un marco adverso, dado el impacto negativo de la crisis internacional en el intercambio entre la Argentina y Brasil (y en el comercio a nivel mundial)”.
Pese a esto, los técnicos de la entidad destacan que “el crecimiento de su uso ha sido constante, no se han registrado problemas operativos y en forma permanente hay empresas y cámaras que consultan al BCRA por su utilización”.
Un sistema que apunta a las Pyme “No espero que el SML se convierta en algo masivo”, destacó Ochoa, quien agregó que está dirigido principalmente a las pequeñas y medianas empresas.
En efecto, un 50% de las 373 operaciones se realizó por montos inferiores a los $100.000 y un 39% se ubicó entre esa cifra y los $500 mil, lo que indica, según el BCRA, “que el sistema fue utilizado principalmente por Pyme”.
De hecho, sólo 12 operaciones fueron por montos superiores a los $5 millones.
Analizadas por sector, el informe de la entidad destaca que “hay una diversificación muy elevada, dado que fue usado por compañías de prácticamente todas las actividades. No obstante, las empresas que más lo utilizaron fueron metalúrgicas, autopartistas, textiles, alimenticias y cosméticas. También del sector energético, dado que desde abril pasado las importaciones de energía de Cammesa se hacen a través del SML”.
Perspectivas Según Ochoa, “el mecanismo se va ir imponiendo lentamente, pero no se puede esperar que se convierta en algo muy difundido”.
A la hora de destacar las razones, además de la crisis y las fluctuaciones del tipo de cambio, el especialista aseguró que “los usos y costumbres en el comercio exterior no son fáciles de vencer”.
“El tema del uso de pesos y reales es sumamente atractivo desde el punto de vista teórico, pero en la práctica no es tan sencillo. No por casualidad el dólar es la moneda reina del comercio internacional. Así es que resulta muy interesante discutir el uso de otras alternativas pero lo cierto es que dejar del lado a la moneda estadounidense no va a ser fácil implementar”, recalcó Ochoa.
Por su parte, Mártire aseguró que “el SML va a estar quieto, al menos hasta fin de año”.
Al igual que Ochoa, sostuvo que detrás de todo esto pesa la cuestión cultural: “El empresario argentino piensa en dólares y es difícil que cambie. Por eso tenemos bastantes operaciones de importación y casi ninguna de exportación”.
Juan Diego Wasilevsky
|