Por DOLORES AYERRA - Diez, once, doce, una, dos y... tres. Pasaron las –ahora eternas– cinco horas de la jornada cambiaria y en la consola de Gustavo apenas se encendieron un par de luces. El operador describe, abatido, el saldo de la rueda: aburrida, aburrida, y más aburrida. Y es que las mañanas a puro teléfono en las mesas de dinero desaparecieron. Ahora, en vez de llamados, se imponen el mate, los bizcochitos y las medialunas. “No es que no se quiera trabajar, es que cada vez hay menos trabajo”, se lamentaba el cambista. El deprimido volumen de negocios dejó en el pasado las jornadas de adrenalina que supone esta profesión. Y los números son palpables. Hace sólo un año los negocios entre los dos mercados mayoristas de dólar (Mae y Mec) alcanzaban los u$s 700 millones por día. Hoy, ambos no llegan a operar más de u$s 200 millones por separado.
El ánimo, mejor dicho el desánimo, de los operadores replica la palabra desmotivación. Hablar con un operador es como repetir la misma película todas las semanas. Si bien hay momentos de más estrés, como la previa a las elecciones legislativas por caso, dejando de lado estas salvedades, el operador pasó a ser un espectador más que un protagonista.
Y claro que la merma de operaciones es generalizada en todos los mercados bursátiles–basta observar la pobreza que se negocia a diario en acciones y otro tanto en bonos–.
Sin embargo, lo que señalan en esta plaza es que además de la desaparición de las AFJP y la caída en el nivel de actividad –gran parte del negocio cambiario se explica por exportaciones e importaciones, que se desplomaron un 19% y 38%, respectivamente–, este año se profundizaron las regulaciones por parte de las autoridades que terminaron de “matar” al negocio.
Por esta razón es que también el clima en la cocina del dinero es de enojo. “Tenemos demanda pero no podemos hacer nada. Por poner un ejemplo, a las múltiples restricciones oficiales, una de las estrategias que ahora está llevando a cabo el Banco Central es poner partidas de u$s 10 ó u$s 20 millones por paquetes completos y no se puede operar sino por la totalidad de ese monto”, explicaban en un banco extranjero. “Ésta es una convertibilidad de facto. El Central pone un spread muy pequeño, que te elimina a los traders que operan por tendencia y esto le quita mucho volumen al mercado”, cuestionaban en una sociedad de bolsa.
Pero claro que, a su vez, muchas veces la caída de operaciones es directamente proporcional al dinero que queda en el bolsillo de los operadores. Si bien cada mesa tiene sus propias reglas, en muchos casos la actividad se nutre de las operaciones que se realizan. “Nosotros tenemos un salario fijo, el promedio rondará en los $ 4.000, pero el grueso de lo que ganamos lo sacamos por las comisiones de cada operación. El año pasado por ejemplo duplicabas tu salario fijo. Hoy estás cerca del mínimo”, reconocía un operador. En la mesa de un banco de capitales nacionales, no obstante, subrayaron que “muchas veces cuando hay pocas operaciones de divisas, lo compensás con operaciones de billetes. Es lo que estaba pasando últimamente, aunque después de las elecciones la situación se tranquilizo un poco”.
En esta línea, una de las tareas que requiere el trabajo de operador se acentúa. Por lo general, los hombres que siguen de cerca el circuito del dinero, suelen juntarse con potenciales clientes. Ahora, dicen, hay más tiempo para hacerlo. “Te juntás con clientes incluso dentro de las horas de operación”, relataban en un banco. Pero el mayor tiempo libre, trae aparejado un cierto escalofrío entre los operadores. En algunas mesas reconocieron que no descartan que si esta situación persiste y se profundiza pueda empezar a haber despidos en el sector.
Así y todo, están los que relativizan el impacto. “Seguro que hay operadores que están perdieron dinero, pero hay quienes están encontrando el modo de sortear las restricciones”, manifestó el director de una casa de cambio. |