(El Cronista) - El comienzo de la gestión de Amado Boudou al frente del Ministerio de Economía marca sustanciales diferencias con respecto a quienes lo precedieron en las distintas etapas de la administración Kirchner. Su nueva gestión está muy condicionada por los siguientes factores económicos:
Asume en un contexto económico recesivo, el crecimiento cero del PBI del Indec de mayo muestra el peor número desde noviembre de 2002. Solo Roberto Lavagna enfrentó una situación similar entre abril y noviembre de 2002. Pero a partir de allí, la economía comenzó a crecer para mostrar crecimientos interanuales promedios cercanos al 9% a lo largo de cinco años. Las principales consultoras incluso la UIA, sin tomar en cuenta los datos del Indec, proyectan una caída del 2,5 % del PBI para este año.
Tiene por delante un mercado de capitales difícil, tanto en el mercado interno y externo. La posibilidad de colocar un bono en el mercado internacional parece bastante alejada. El riesgo país supera los 1000 puntos, es similar al de Ecuador y los bonos argentinos nominados en dólares deberían aumentar en promedio casi un 50 % su precio para poder hacer una colocación. En lo que respecta al mercado interno se esta produciendo un peligroso efecto crawding out. Esto implica una fuerte expulsión del sector privado del mercado de crédito frente a las mayores necesidades de fondos del estado. La situación se podría agravar si las provincias necesitan colocar bonos en el mercado por mayores necesidades de financiamiento.
Enfrenta una fuerte fuga de capitales difícil de frenar. En junio la dolarización de portafolios llegó a los u$s 2.500 millones y en los últimos 24 meses se fugaron unos u$s 40.000 millones. La salida es la peor que se registra y es peor a la del 2001, tanto en extensión como en el monto. En el peor de los casos y descartando un ajuste fiscal o un fuerte devaluación del peso el Gobierno debería reducir drásticamente las compras de dólares a través de un desdoblamiento del mercado cambiario. Un esquema similar al de Venezuela con un dólar oficial y un dólar paralelo. La reservas internacionales brutas, que llegan a u$s 46.000 millones son inferiores en unos u$s 4.500 millones a las tenía Martín Lousteau en marzo de 2008, cuando estalló el conflicto con el campo, y desde ese momento no se han vuelto a recuperar. En lo que hace a los mercados emergentes solo en Venezuela se observa una salida similar.
La gravedad de la metástasis en las cuentas públicas se hace insostenible. El problema es que la diferencia entre el IPC oficial y el paralelo que calculan las consultoras llega a una diferencia entre 35 y 40 puntos desde la intervención en enero de 2007 hasta junio último. Estas diferencias implican que el Indec muestre artificialmente un mayor crecimiento del PBI, menores porcentajes de pobreza indigencia e indigencia al calcular una menor inflación que la real. También impacta negativamente en los intereses ajustados por el CER que los bonistas deberían recibir por sus títulos en pesos indexados. El síndrome Indec ya se llevó a dos jefes de gabinete y tres ministros de Economía. Boudou no está a salvo por ahora.
Al parecer el rol del ministro estará centrado en buscar financiamiento. No tendrá incidencia en el manejo de la caja fiscal. El gasto público está en sus máximos históricos, la recaudación impositiva ha llegado a niveles récord que se resentirán como consecuencia de la recesión y de los efectos de la gripe A, los montos de transferencias a las provincias que han comenzado a demandar fondos son los más bajos de los últimos tiempos. Lo grave es que el superávit fiscal primario consolidado solo llega al 1 % del PBI frente a un promedio del 3% observado entre el 2003 y el 2007. Boudou no está a salvo.
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