Por SANTIAGO CHELALA - Primero fueron las provincias, luego el Tesoro Nacional, más tarde la ANSeS y ahora el déficit toca a la puerta del Banco Central. Sólo una maniobra contable, computar como utilidades la diferencia cambiaria de las reservas, salvó a la entidad que dirige Martín Redrado de tener un déficit sustancioso el año pasado. El llamado resultado cuasi fiscal fue deficitario en 1.200 millones de pesos. A esto se sumaron $ 1800 millones por el costo de la venta de dólares a futuro. Mientras que la diferencia de valuación de las reservas permitió contrarrestar el rojo con ganancias contables por $ 7.500 millones.
Luego de una demora inusual, y más de seis meses después de cerrado el ejercicio, el Banco Central presentó su balance mostrando un excedente de $ 4.500 millones en 2008. Sin embargo, una mirada con lupa sobre el estado patrimonial de la Autoridad Monetaria obligó a encender luces de alerta: los activos devengaron menos ganancias que los pasivos.
En otros términos, los ingresos adicionales generados por los intereses que pagan las colocaciones de las reservas internacionales fueron menores a las erogaciones que la Autoridad Monetaria debió enfrentar para cancelar los intereses de sus pasivos, Lebac y Nobac.
La crisis financiera jugó en contra del patrimonio del Central. Mientras la tasa de interés internacional se derrumbó, el riesgo local se incrementó al igual que la necesidad de mantener incentivos para evitar la corrida hacia el dólar. Por eso las tasas locales que el BCRA paga por sus títulos más que duplicaron la tasa de colocación de las reservas en el exterior.
Política anticíclica
“A partir de 2007, el Central dejó de capitalizar una parte de sus utilidades y comenzó a transferirlas íntegramente al Tesoro”, explicó el economista Federico Muñoz. En tanto desde el Central argumentaron que la dinámica del balance reflejó la estrategia de adoptar una política contracíclica: ahorrar en momentos de auge para salir en ayuda del Tesoro en épocas de vacas flacas.
La cantidad de reservas prácticamente se mantuvo constante en 2008, sin tener en cuenta los préstamos del Banco de Basilea. Pero mientras los 46.000 millones de dólares se valuaron a 3,15 pesos por dólar a comienzos de año, al cierre se multiplicaron por $ 3,48.
En la práctica, la ganancia se monetizó y se transfirió al Tesoro para subsanar la falta de financiamiento. Pero no se trató de ingresos adicionales, como los resultantes de los intereses que generaron las reservas y por lo tanto se amplió la base monetaria con el consecuente riesgo inflacionario de no existir factores reales que justifiquen la expansión. En el extremo, si el tipo de cambio saltara a $ 10 este año, el Banco Central podría computar una ganancia contable de $ 300.000 millones (un tercio del PBI) sólo por la diferencia entre multiplicar las reservas por $ 3,48 y $ 10. Pero al transferir este monto al Tesoro no estaría más que convalidando el efecto inflacionario de la devaluación.
Así, este año, con un tipo de cambio que probablemente superará los $ 3,82 actuales, la utilidad contable se encuentra casi garantizada.
El BCRA no logró ser la excepción a un déficit que ya es regla en el sector público: varias provincias cerrarán el ejercicio vigente en rojo, la ANSeS tuvo un desequilibrio de $ 1.460 millones en junio pasado y el Tesoro cerró el semestre con un déficit financiero de $ 1.734, que hubiera sido mayor sin la ayuda de diversas reparticiones.
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