Si bien el trueque es un invento tan antiguo como la rueda, en ningún lado está escrito que a lo largo del tiempo, su práctica haya logrado promover las causas justas. Gobierno, entidades financieras e inversores deberán transitar lo que será un (otro) canje de deuda local. Habrá bono nuevo (por ahora, ajustado por tasa Badlar) y se dejará de lado la deuda atada a la inflación.
La propuesta de canje del Gobierno es ulterior a un rumor que postulaba lo obvio: falto de recursos, se tenía en carpeta la opción de un bono compulsivo que buscaría captar la liquidez que, por cautela, guardan los bancos.
Si bien el rumor quedó vacante, ante la flamante intención de canje, los bancos no podrán negarse.
Es que el azar –que algunos aún llaman “Néstor”–, hizo que la ANSeS, el BCRA y el Banco Nación llegaran a este momento con 7 de cada 10 pesos existentes de deuda indexada en sus bolsillos. Del resto, buena parte tienen en cartera los bancos. Con 70% menos de bonos en la plaza, el “no” de los bancos parece poco plausible: las entidades financieras se quedarían con un activo prácticamente ilíquido que deberían esperar a finish y en algunos casos hasta el 2038. Por otro lado, la ANSeS es el principal inversor institucional y, una tajada de los depósitos a plazo fijo que tienen los bancos vienen de sus arcas.
Esto le da voz a aquellos que señalan que la tasa Badlar no resulta la indicada: como la ANSeS decide prácticamente qué interés pretende por sus depósitos, entonces podría fijar parámetros que funcionarán para todo el sistema.
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