Por Javier Blanco - Tras algunas semanas de descanso, la cotización del dólar retomó la tendencia alcista que exhibe desde hace un año, para alcanzar un nuevo máximo anual y consolidarse en su nivel nominal más alto desde principios de 2002. En bancos y agencias del centro porteño el dólar finalizó a $ 3,82 para la compra y $ 3,86 para la venta, mientras que el tipo vendedor mayorista (que la semana anterior se había valorizado 1,3 centavos por las activas compras oficiales) cerró en $ 3,8460, sumando seis milésimas de peso más pese a que la intervención del Banco Central (BCRA) en la plaza cambiaria habría resultado neutra. La nueva suba fue disparada por una reactivación de la demanda privada de dólares, que se había mantenido anestesiada en las últimas dos semanas y que -según los operadores- podría haber estado estimulada por el sacudón registrado en los mercados internacionales en la jornada previa y por una nota publicada por el matutino Página 12 en la que se revelaba que el Gobierno comenzó a trabajar en el presupuesto 2010 bajo el supuesto de un dólar promedio a $ 4,25. La especie fue negada por el ministro de Economía, Amado Boudou. "Quiero desmentir todos estos números", dijo a Radio La Red, en alusión a las proyecciones difundidas como base para el próximo ejercicio y que supondrían que el actual ritmo de devaluación del peso se mantendría o aceleraría levemente el año que viene, habida cuenta de que ese valor promedio supondría un billete por encima de $ 4,80 para fines de 2010. En realidad, el mercado doméstico parece estar manejándose con esa hipótesis, dado que en los contratos pactados a futuro el valor de $ 4,25 ya se estaba operando a un plazo de once meses vista, es decir, en transacciones por vencer en julio de 2010. Ese precio, que ayer se reacomodó a $ 4,26, supone una tasa implícita de devaluación del 11,5% para mediados del año entrante. Con su aumento de ayer, la cotización del dólar al público avanza dos centavos (0,52%) en el mes en curso y suma 39 centavos (11,2%) en lo que va del año, en el marco de un proceso de devaluación administrada de la moneda que procura devolverle a la producción local parte de la competitividad que la sostenida tasa de inflación local le quitó. |