Por Hernán de Goñi. Subdirector Periodístico - No era un público fácil. Los hombres y mujeres que palpitan el día a día del mercado financiero siguen sin digerir la estatización de las AFJP, medida que el Gobierno aplicó en octubre pasado, apenas 40 días después del desplome de Lehman Brothers.
Esa decisión fue un golpe mortal a la Bolsa. Sin el volumen de las administradoras, el promedio del mercado hoy es 30% de lo que se negociaba hasta ese entonces.
No es la única decisión que inundó de escepticismo al mundo bursátil. La manipulación del Indec, la intervención de la ANSeS tanto en la conducción de las cotizantes como en las condiciones de financiamiento (sin AFJP, el organismo previsional se volvió un jugador omnipresente que pasó a definir el destino de casi todas las emisiones de deuda privadas) y otras recetas poco amigables, endurecieron a los financistas
Por eso el discurso de la Presidenta no conmovió. La mayoría reconoció que hubo un esfuerzo notorio de parte de la jefa de Estado por despertar empatía. Les regaló frases alagadoras (“son el corazón de un sistema de producción e inversión”; “debemos aportar a este mercado de capitales para hacerlo más importante”; “me gustaría que haya más hombres y mujeres invirtiendo en la Bolsa y no en casas de cambio”), pero para muchos le faltaron sustancia.
No hubo referencias para los temas que movilizan al mercado, como la transparencia estadística o el potencial arreglo con los acreedores. Remarcó que el país aún tiene superávit fiscal y que el desempleo está en baja, fotos que no reflejan la película de la economía.
Cristina pidió consistencia en los planteos económicos. Y para muchos presentes, ese fue el punto que menos reflejó su discurso.
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