Por Javier Blanco - La presidenta Cristina Kirchner rechazó ayer un pedido que el titular de la Bolsa de Comercio porteña, Adelmo Gabbi, le realizó en público para que se eliminara el encaje al ingreso de capitales financieros, impuesto desde 2005 en el país. La mandataria calificó esa herramienta de "una de las fortalezas que nos permitió evitar fuertes variaciones en el tipo de cambio" en los momentos de mayor incertidumbre en el mercado. Cristina Kirchner se mostró resuelta a la hora de justificar la utilidad de esa medida -al participar del acto conmemorativo del 155° aniversario de esa institución, cita a la que no había concurrido en 2008- y pese a que Gabbi había postulado la probable revisión de la norma como una "llave" para facilitar la reinserción de la Argentina "en los mercados de crédito voluntario internacionales", es decir, el objetivo que persigue el ministro de Economía, Amado Boudou. Pese a ser refractaria al pedido y a ratificar que prefiere mantener el sistema actual de excepciones discrecionales al encaje en la medida en que los solicitantes demuestren que van a utilizar esos recursos para cancelar deudas o financiar inversiones, Cristina se mostró dialoguista. "Tenemos que encontrar una norma para que el ingreso de capitales no sea especulativo", dijo la jefa de Estado mirando a Gabbi, antes de insistir en que en el país se necesitan "capitales que vengan a producir, no a especular" y defender lo actuado por su gobierno, al sostener que la Argentina transita por el "rumbo correcto". Minutos antes, ya había mostrado empatía con los dirigentes y socios de esa institución, al sostener que le gustaría ver "más hombres y mujeres en la Bolsa que haciendo cola en las casas de cambio", en referencia a que prefiere "a los que invierten dinero en empresas argentinas antes que en monedas extranjeras", gesto que ratificó al final de su alocución, cuando dijo que, "más allá de las diferencias", había aceptado concurrir porque allí había gente de "buena madera", la única definición que le valió un aplauso de la concurrencia. Previamente, Gabbi que en el aniversario de 2008 había marcado su primera disidencia pública con la administración kirchnerista al reclamar correcciones en el rumbo económico, había culpado al encaje (que obliga a quien ingresa divisas al país a constituir un depósito bancario nominativo por el 30% del monto ingresado) del descenso en la calificación que sufrió la plaza bursátil local. En marzo había dejado de ser considerada "emergente" para pasar a ser "fronteriza", algo así como descender del Nacional B directamente a la Primera C en su equivalencia futbolera. "Esa medida fue implementada para controlar a los capitales golondrina y frenar la presión para revaluar al peso. Pero dejó de tener sentido ahora", apuntó Gabbi en uno de los momentos más aplaudidos de su exposición. Fue cuando, entusiasmado, calculó que su supresión "permitiría el ingreso de unos 10.000 millones de dólares anuales" a la plaza local por sólo dejar de coexistir con Nigeria, Ghana o Kenya y volver a ser latinoamericanos en este sentido. Gabbi también había reivindicado la transparencia que mostró el mercado local frente a la crisis mundial. "Publicando cada número, por más duro que fuese, y soportando bajas de precios y volúmenes a veces humillantes", dijo, lo que se interpretó como una referencia crítica a la falta de transparencia del Indec. Y se había declarado a favor de integrar el Consejo Económico y Social, aunque abogó por un foro de discusión "sin exclusiones" y en el que se incluyera a los representantes del campo. |