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| Los economistas y la dieta que nunca falla |
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14/09 - 09:44 Clarín |
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Bastará la idea de regalar dinero a una causa que le repugne para convencerlo de bajar de peso, dejar de fumar o correr un maratón? Un grupo de economistas y hasta el secretario del Presupuesto de los Estados Unidos parecen estar convencidos de que sí.Los académicos hace rato que vienen estudiando la "economía de las tentaciones" y las reglas personales que surgen en la vida cotidiana para forzarse a cumplir determinados objetivos. En los modelos teóricos tradicionales, los agentes tienen una fuerza de voluntad infinita y siempre toman las decisiones de acuerdo a su propio bien. En la vida real, las cosas son distintas: dejamos la dieta para el lunes, nos ponemos a trabajar en una entrega después del próximo partido de solitario en la PC, tomamos demasiado y después nos arrepentimos, etc.Años atrás, los economistas Rolan Bénabou y Sebastián Ludmer (este último argentino, recibido en la UBA), trabajaron modelos de "ego-nomía" ("economía del yo") y economía de las tentaciones.
Desarrollaron un esquema matemático para entender mejor las "reglas personales" que una persona establece consigo misma: correr dos veces por semana a una determinada hora, fumar sólo después de las comidas, salir sí o sí los sábados a la noche, etc. Un elemento central del esquema es la "autorreputación": cumplir o no las reglas autoimpuestas aumenta o disminuye la reputación que uno tiene consigo mismo. Una de las conclusiones del modelo (que se verifica en la vida real) es que la gente tiende a cumplir con tareas que le demandan mucha fuerza de voluntad por "rachas": se va seis meses al gimnasio y se acumula autorreputación, que luego se invierte en "tirarse a chanta" por unos meses.
Pero ahora, las ideas de los economistas para fortalecer el auto control salieron de las ecuaciones matemáticas y llegaron a la vida real. A mediados de 2008, dos académicos de la Universidad de Yale, Dean Karlan e Ian Ayres lanzaron Stickk.com, un sitio de Internet en el cual uno puede hacer un contrato o una apuesta consigo mismo a futuro. En Stickk se fija un objetivo y se deposita una cantidad de dinero considerable (típicamente, US$ 5.000 o 10.000). Si al cabo de un tiempo no se cumplió con la meta, el dinero va a parar a una entidad benéfica.
"Ya tuvimos más de 32.000 inscriptos, que además determinan un amigo testigo para que certifique si se cumplió el objetivo o no", cuenta a Clarín por correo electrónico Karlan. Entre los fanáticos del sitio está Peter Orszag, secretario de Presupuesto de los EE.UU, que gracias a Stickk pudo correr un maratón. La tasa de éxito supera el 85% y sube aún más si se elige una opción masoquista pero muy eficaz: pedir que se done la plata depositada a una causa que se odia ("anti-caridad"). A la campaña de Luis Patti, si uno es de izquierda; a River si uno es de Boca. ¿Quién se anima?
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