Por Alejandro Banzas (*) - Mucho se ha escrito y dicho sobre el bajo nivel de bancarización que se percibe en la Argentina. Esto, finalmente, es el resultado de una combinación de factores. Entro los más destacables se encuentran la economía en negro, y años de procesos disruptivos de la normalidad en el funcionamiento del sistema financiero argentino, con apropiación de depósitos, y largos procesos inflacionarios.
Un rasgo a considerar, no menor, en la bancarización es el análisis volumétrico. Por tal motivo, podemos describir el reparto del mercado entre los distintos grupos homogéneos de bancos, identificando las especialidades de cada uno de ellos. La cantidad de sucursales es liderada por las Bancos Públicos (BP) con el 36,4%, merced al despliegue del Banco de la Nación Argentina (BNA) y del Provincia de Buenos Aires (Bapro), seguido por los Bancos Privados de Capital Nacional (BPCN) con el 34,5%, debido a la mayor presencia del Banco Santander Río y el BBVA Banco Francés.
Finalmente, el Banco Credicoop ocupa el quinto lugar en cantidad de sucursales, como resultado de la fuerte presencia en atención a las pequeñas y medianas empresas (Pymes).
En el caso de los cajeros automáticos, la realidad es distinta. Los bancos públicos lideran la cantidad de ATMs con el 34,3%, seguido por los Bancos Locales de Capital Extranjero (BLCE) con el 32,8%, como resultado de la mayor inversión realizada en tecnología.
Las entidades financieras que se destacan son: Banco Santander Río, seguido por el Banco Nación y el Provincia de Buenos Aires, pero inmediatamente le siguen HSBS y el Standard Bank. En cantidad de cajas de ahorro y cuentas corrientes, se destacan los bancos públicos, en el primer caso, debido a la influencia de organismos estatales con cuentas sueldo, mientras que en el segundo, se observa un notorio avance de los bancos locales de capital extranjero, con el 35,8%. En cajas de ahorro, encabeza el Banco Provincia de Buenos Aires y el Banco de la Nación, mientras que en cuentas corrientes, se ubica el Credicoop y el Santander Río.
En conclusión, resultaría beneficioso alcanzar un mayor grado de bancarización, que derive en menores costos y en una menor tasa de interés. Para ello se deberá poner énfasis en el blanqueo de la actividad, reducción de la pobreza, aumentando el empleo y el salario.
(*) Economista jefe de Reporte Económico |