Por Carlos Melconian - En base a políticas agresivas nunca vistas en la historia, el nivel de actividad en las economías desarrolladas dejó de caer y se percibe luz al final del túnel. Sin ser todavía señales contundentes, un rebote en los próximos trimestres es posible. Sin la excitación de los mercados que hace unos meses desconfiaban de todo y ahora compran otra vez "cualquier cosa", falta aún enfrentar varios desafíos. Que pare de caer el empleo, que la gente vuelva a demandar crédito y a consumir y que los bancos vuelvan a prestar. Que se reactive el mercado inmobiliario. Que el rojo comercial de EE.UU. se corrija con más consumo de China. Que por la mejora macro no se dispare de nuevo el precio del petróleo, porque sería reincidir en el desajuste externo mundial. Que la Reserva Federal acierte en cuándo y cuánto dejar de emitir para no abortar la recuperación ni hacer subir la inflación. Sin optimismo ni pesimismo, aprendiendo todos los días de situaciones inéditas, ¿hay chance de un rebote? Sí. ¿Podrá empalmar el rebote con una recuperación? Puede ser, pero no es seguro. ¿Viene una seguidilla de años positivos? Parecería más factible un período más oscilante. ¿Vuelve el "boom" de 2003- 2007? No. América latina, en un mundo que claramente no ha tenido decoupling , está siguiendo un dibujo parecido al del mundo desarrollado. Brasil, Colombia, Perú, Uruguay y Chile pueden recuperar bastante rápido el nivel de actividad. México es la economía que más cayó y tardará más en recuperarse. Venezuela, Ecuador y Bolivia tocaron fondo, pero la salida cuesta por factores obvios "autóctonos". La Argentina sigue en actividad, consolidando su "L". Ahora bien, no hay señales de rebote de la inversión privada, que sigue retraída. Sí aumentará seguramente la cosecha de soja y habrá más exportación y derrame. Por el lado del consumo, hay más movimiento en sectores como autos y electrodomésticos, pero no aún en consumo masivo. La distensión financiera internacional es el tema más importante. Pero no es aún suficiente para revertir la recesión. Que como consecuencia baje la dolarización de portafolios y el BCRA vuelva a comprar dólares es bueno, pero tras dos años de "seca" monetaria necesitará comprar por montos importantes durante varios meses. Que suba el precio de los bonos y desaparezca el riesgo de default inminente es bueno, pero lo relevante sería conseguir plata a un costo razonable en el mercado voluntario. Que suban los depósitos es bueno, pero lo relevante sería que se regenere el crédito al sector privado. Paradójicamente, el mejor contexto internacional coincide con el peor momento fiscal de la Argentina desde 2003. El Tesoro perdió el superávit fiscal primario: la recaudación se planchó, pero el gasto explota. Es un deterioro que luce irreversible incluso para 2010. Requeriría un esfuerzo político enorme de presión tributaria y/o freno del gasto, impracticable para esta administración en las actuales circunstancias. La deuda en dólares se paga con reservas y la deuda en pesos con préstamos del Banco Nación y la Anses. Este deterioro llevará, de no corregir y si no se consigue plata fresca de algún lado, al modelo del impuesto inflacionario de emitir para el fisco: una inflación estructuralmente más alta y una devaluación más atada a la inflación. Sin histeria ni espiralización. Pero el modelo ha cambiado: los tenedores de deuda están contentos porque la deuda se paga, pero los pobres que sufren la inflación y la devaluación estarán peor. El autor es economista, socio del estudio M & S Consultores
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