Por LEANDRO GABIN - Mientras que el ministro de Economía, Amado Boudou, pide calma cada vez que se le pregunta por la oferta a los bonistas que no ingresaron al canje del 2005, los técnicos del Palacio de Hacienda aceleran los preparativos para lanzar la propuesta. Trascendió de altas fuentes del mercado que el Gobierno ya tiene listo el formulario 18K, un paper que cada emisor de deuda tiene que presentar ante la Securities and Exchange Commission (SEC), el regulador del mercado de capitales de Estados Unidos, antes de lanzar la oferta. Si bien Economía aún no habría enviado el documento, que detalla la situación económica y financiera del país (básicamente contextualiza la propuesta de canje), es un paso previo para poder cumplir con los requisitos legales. No está totalmente definido, por caso, el menú que se le ofrecerá a los acreedores para canjear alrededor de u$s 30.000 millones en default (contando capital e intereses), tarea que corre por cuenta de los bancos asesores como el Citi, Deutsche y Barclays. De hecho, se especula que Boudou haría el anuncio a la vuelta de su viaje a Estambul donde participará de la reunión del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Otro paso que le faltaría al ministro es pedir al Congreso la autorización para reabrir la operación, una imposibilidad por la “ley cerrojo” que tendría que ser modificada.
“Es importante a nivel de lo que viene después. Los países tienen la obligación de actualizar la información periódicamente cuando están bajo la regulación de la SEC. Pero en este caso tiene olor a que es el paso previo a formalizar el canje”, consideró un abogado especialista en reestructuraciones de deuda. Sucede que el formulario donde se consignan los bonos que ingresarán a la operación y cómo será finalmente la oferta corren por un documento a parte. Se descuenta que se canjearán por títulos Discount en dólares bajo legislación Nueva York, se reconocerán los intereses, y pedirán alrededor de u$s 1.000 millones cash que embolsará el Gobierno contra la emisión de un nuevo papel con vencimiento en 2016. La quita en el capital adeudado rondaría el 66%.
Aceptación
Según especulan en los grandes bancos del exterior, la oferta tendría un nivel de aceptación “razonable” que alcanzaría entre u$s 8.000 millones y u$s 15.000 millones. Tomando el total a reestructurar (capital más intereses), el Gobierno podría mostrar que el 50% de los “late comers” (en la jerga, los que quedaron afuera) aceptaría. Aunque un nivel de aceptación mayor impediría que los fondos que históricamente se niegan a acordar (Dart y Elliot, por ejemplo) puedan seguir litigando ante el juez neoyorquino Thomas Griesa. Se cree que con un 75% de los inversores adentro, ese fantasma desaparecería definitivamente.
“Hay que encontrar el mejor momento, el mejor timing. Ahora la palabra que se usa en los mercados es el momentum que sea adecuado del punto de vista de las finanzas internacionales, pero también el mejor dentro de lo que pasa en la Argentina, de las decisiones políticas de la presidenta de la nación”, esquivó ayer Boudou –en el aeropuerto de Ezeiza y a punto de irse a Estambul– ante la pregunta de la agencia Reuters con respecto a cuándo lanzará la oferta. En medio de todo eso, aquellos que en junio compraron bonos en default más que duplicaron su inversión. Los títulos caídos en desgracia pasaron de valer alrededor de 15 centavos de dólar por cada u$s 1 de valor nominal a más de 35 centavos. Esto se produjo para la catarata de rumores acerca de la “inminente” operación que cada vez más estaría cerca de completarse. Claro que los tiempos políticos, como ya quedó demostrado, pueden abortar cualquier avance.
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