Por IGNACIO OLIVERA DOLL - Con la incertidumbre política aún a cuestas, y una recesión local que se cobra cientos de empleos por mes, los bancos se vieron obligados en el último tiempo a ponerle el pecho a la crisis recortando costos y volcándose de lleno a los negocios transaccionales. De ahí que las últimas cifras del BCRA sólo muestren signos de vitalidad en esta parte de la actividad bancaria: entre marzo y junio pasados se abrieron 500.000 nuevas cajas de ahorro en el sistema, de las cuales 200.000 fueron “cuentas sueldo” que pertenecen a 3.000 empresas, y se sumaron unas 60.000 cuentas corrientes.
El fenómeno, impulsado principalmente desde la banca pública, intentó paliar el desmoronamiento que hoy se ve en los productos vinculados a la originación del crédito, ante la fuerte reticencia que todavía se ve en la demanda: la cantidad de tarjetas en el sistema volvió a reducirse en el segundo trimestre, en unas 188 mil unidades, con lo que la desaparición de plásticos ya acumuló un saldo de 1,8 millones este año.
Con márgenes de rentabilidad cada vez más acotados, las entidades buscaron reducir fuertemente sus costos de fondeo en este tiempo, poniendo el foco de sus negocios en las cuentas a la vista.“Se intentó inducir a los clientes con fuertes campañas de promociones y descuentos para que modificaran sus comportamientos de consumo: que en lugar de que retiren sus sueldos en los primeros días del mes, utilicen su tarjeta para que nosotros podamos prestar su dinero”, explicó el gerente de un banco líder en el país. El propósito es sencillo: conseguir fondeo más barato mediante el aumento de la liquidez en las cajas de ahorro y cuentas corrientes, por las cuales hoy ofrecen rendimientos menores al 1%; muy por debajo de lo que deben pagar a los ahorristas por un plazo fijo (12%).
“El banco puede prestar el 80% del dinero que obtiene de las cuentas a la vista. Si bien hay cierta limitación natural por el descalce de plazos, la regulación no es tan estricta en este sentido y está comprobado que se trata de dinero muy estable”, agregó un banquero. En otras palabras, se ve altamente atractivo el hecho de que el efectivo en cajas de ahorro y cuentas corrientes suela ser menos sensible a las volatilidades de tasas de interés y del tipo de cambio que los plazos fijos, y de que no haya obligación legales de calzarlo con préstamos de plazos similares (contractualmente, el vencimiento de las cuentas a la vista es a un día).
“Los préstamos que damos tampoco son a grandes plazos. Conseguir $ 100 con un plazo fijo nos cuesta un 12%, y de una caja de ahorro, sólo un 0,2%. Es cierto que aquellos tienen un encaje de sólo el 8%, y el fondeo transaccional uno del 20%; pero, aún así, éste último es más rentable”, explicó un ejecutivo.
El total de cajas de ahorro tocó en junio pasado un máximo desde la convertibilidad, de 21,6 millones, y luego de registrar un recorte de 160.000 unidades entre diciembre y marzo por los efectos de la crisis global. La suba estuvo altamente influida por el Banco Provincia, que amplió sus cuentas en 365.000 unidades; y el Nación, en 65.000.
Más movimiento
También a fuerza de estas promociones y campañas publicitarias, las entidades lograron sortear los golpes que provocó en las empresas el estancamiento en la economía local: las cifras del BCRA muestran que, entre marzo y junio pasados, unas 3.000 compañías nuevas empezaron a pagar su remuneración mediante acreditación bancaria, y revirtieron la fuerte pérdida del primer trimestre
(-2.500). “Nosotros, particularmente, notamos más movimiento”, explicaron desde el HSBC. “Venimos trabajando bastante mejor con las cuentas payroll, y con eso ganamos empleados que después obtienen cuentas corrientes”, agregaron. El total de cuentas sueldo se ubicó en casi 7 millones hasta el 30 de junio pasado, tras incrementarse en 206 mil en los últimos tres meses. La cantidad de empresas con empleados bancarizados pasó de 104,5 mil, en marzo, a 107,4 mil, en junio.
|