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| La baja del dólar reencendió el debate sobre la política cambiaria |
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12/04 - 10:01 Juan Cerruti - El Cronista Comercial |
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La divisa está en su menor nivel en 8 meses. Para el Gobierno la caída es transitoria, pero los empresarios reclaman medidas. ¿Se podrá sostener el dólar alto?
La caída del dólar a su menor nivel en ocho meses desató un debate sobre el rumbo de la política cambiaria que muchos consideraban sepultado. Mientras el Gobierno asegura que se trata de un descenso transitorio que no debe ser tomado como tendencia, varios empresarios comenzaron a reclamar medidas adicionales para apuntalar la cotización de la divisa estadounidense (ver aparte).
En el medio, volvieron a aflorar las diferencias entre el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y el titular del Banco Central, sobre el modo de conducir la política cambiaria.
El miércoles pasado el dólar cerró a $ 2,83 empujado por la fuerte liquidación de los exportadores. Aunque el Central (acompañado por el Banco Nación) incrementó sensiblemente su volumen de compras en las últimas jornadas –en cuatro ruedas sumó u$s 150 millones–, los esfuerzos por apuntalar la cotización del dólar no surtieron todo el efecto deseado.
"Es un descenso coyuntural debido a que las liquidaciones de los exportadores son mayores que las habituales por razones estaciones", lanzó Lavagna para achicar el pánico de los partidarios del dólar alto.
Pero lo cierto es que la caída ya empieza a preocupar a varios economistas y empresarios, que aseguran que así se corre el riesgo de frenar la recuperación verificada hasta ahora, basada en la sustitución de importaciones y el incremento de las exportaciones.
Según Jorge Schvarzer, economista del Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina (Cespa), "el dólar que tenemos ahora es el dólar histórico de la Argentina, similar al promedio de los años 70 y 80. Por eso el Gobierno debería defender su nivel actual y no permitir una excesiva apreciación". Precisamente durante este mes se cumplió un año en el que la divisa estadounidense se movió dentro del rango de 2,80 a 3 pesos. "Cuando en enero del 2002 la Argentina salió de la Convertibilidad, los pronósticos sobre el horizonte económico del país abundaban, pero realmente pocos le asignaba altas posibilidades al escenario de un dólar alto y, sobre todo, estable", recordó Schvarzer.
Más allá de los movimientos de corto plazo, para el Gobierno el dólar elevado se convirtió prácticamente en un dogma. El propio ministro Lavagna en reiteradas oportunidades se manifestó a favor de un tipo de cambio alto (o peso devaluado) como el actual, por considerarlo artífice de la recuperación y una señal necesaria para la inversión a mediano y largo plazo en los sectores transables.
Ese diagnóstico es compartido por el presidente Néstor Kirchner, que no ahorra adjetivos para denostar los ‘90, convertibilidad y uno-a-uno incluídos.
Los defensores de un tipo de cambio alto señalan que sus logros están a la vista: en el período que va desde principios de abril del año pasado –cuando el dólar se estabilizó en torno a los $3– hasta la actualidad, el nivel de actividad económica (según el índice EMAE desestacionalizado) se incrementó 8,7%. Además, tomando las mediciones de mayo y octubre del año pasado, la pobreza se redujo del 54% al 47% de la población, mientras que el desempleo entre el segundo y el cuatro trimestre del año pasado cayó del 17% al 14%. Para completar el panorama, la recaudación subió en el 2003 el 43% frente al año previo, apoyada en las retenciones a las exportaciones.
A nadie escapa que la recuperación económica se recostó de manera significativa en el repunte exportador y la sustitución de importaciones gatillados por la devaluación.
Sin embargo, el interrogante que se suelen plantear algunos analistas es hasta qué punto la actual recuperación responde al súper dólar. Según Guillermo Mondino, titular de la consultora MacroVisión, "del crecimiento del año pasado, la mitad corresponde a factores internos y la otra mitad obedece a factores externos".
Si se analiza la historia económica argentina se observa con nitidez que los períodos de auge y depresión económicos están más asociados a factores externos que a una determinada política cambiaria. Tomando en cuenta este dato no extraña la fuerte recuperación verificada el año pasado. Durante el 2003 las tasas internacionales se ubicaron en su menor nivel en 40 años, a la vez que los precios de determinados commoditties clave para el país como la soja alcanzaron los máximos en 15 años, y el petróleo tocó su pico en casi 4 años.
El peso de la deuda
En este contexto, algunos analistas advierten sobre los puntos débiles del modelo basado en el súper dólar. Desde este punto de vista, está claro que el tipo de cambio devaluado sirvió para la recuperación, la incógnita pasa por si podrá apuntalar un proceso de crecimiento sostenido. Varios economistas destacan que un dólar artificialmente alto dificulta la renegociación de la deuda, lo que podría afectar negativamente a la economía real vía una retracción de las inversiones. Más aun en momentos en que ésta necesita más que nunca la llegada de fondos para ampliar imperiosamente la capacidad productiva. "Hoy retrasar la reestructuración de la deuda es muy costoso. En particular porque la Argentina se está recuperando fuerte y para sostener esa recuperación hacen falta inversiones. Pero no pequeños proyectos, sino proyectos de inversión en escala", estima Mondino. En la vereda de enfrente, Schvarzer, resalta que "si se atrasa el dólar podemos pagar la deuda pero no podemos crecer y está claro que a largo plazo es imposible pagar la deuda si no se crece".
Soslayando la disparidad de criterios entre los economistas, tampoco los números logran entregar una respuesta inequívoca sobre las bondades de un modelo basado en un dólar alto. El ingreso per cápita de los argentinos es un tercio del de la convertibilidad. En 1998 era de u$s 8.511 anuales, mientras que ahora esta cifra alcanza a sólo u$s 3.528. Sin embargo, la economía genera empleos a una velocidad tres veces superior a la de los noventa. Un aumento de un punto porcentual en el PIB genera 184.000 nuevos puestos de trabajo, frente a los 60.000 de la convertibilidad. Ello es producto del cambio de precios relativos a favor de la mano de obra y en detrimento de la incorporación de capital. |
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