Por Jorge Obiedo - La situación es paradojal. Muchísimos empresarios argentinos están muy preocupados y no hay nadie dispuesto a hacer nuevas inversiones. Nada, más allá de cubrir los mantenimientos habituales, cubrir la obsolescencia. El economista Javier González Fraga lo dice claramente. Prácticamente nadie prevé hacer nada importante por los próximos dos años. Pero, por otro lado, las cotizaciones de los bonos argentinos suben, demostrando que los especuladores están convencidos de que el Gobierno hará un acuerdo con el FMI y volverá a los mercados de capitales. El ministro Amado Boudou consigue mantener, con modales mucho más pulidos y un vocabulario mucho más moderado y rico, el discurso de los Kirchner sobre los organismos internacionales, los inversores y la década del 90. Ese discurso de baja categoría, lleno de falsedades históricas y contradicciones flagrantes es, básicamente, para la barricada local. Aunque como los Kirchner parecen no distinguir entre política exterior e interna, es repetido en todas partes. Boudou parece intentar una alquimia extraña, que se discursea con bravatas y reproches, y por lo bajo lograr un acuerdo con el FMI. La situación ha cambiado y hay menos lugar para que la Argentina haga como hasta ahora: esquivar al FMI primero, como dice Joaquín Morales Solá "corriéndolo a billetazos" al pagarle de una sola vez, sin quita, el total de la deuda con el organismo, en lugar de hacerlo a no menos de diez años, sacrificando miles de millones de dólares de reservas. Luego, financiándose con el superávit logrado a fuerza de subir sin pausa la presión sobre el sector privado. Luego, haciendo un nuevo default de gran parte de la deuda falseando el índice de precios y, con ello, el de actualización de los bonos. Y finalmente, haciendo el corralito primero y la confiscación después a los ahorros acumulados en las AFJP. Nada de eso está ya disponible. El Gobierno no quiere volver a los mercados, lo necesita. Son los mismos mercados a los que esquivó e insultó durante más de seis años. Tampoco puede sostener, como hasta ahora, de manera indefinida el default con el Club de París. Pero si quiere pagar en cuotas -y probablemente no pueda hacer otra cosa- debe aceptar una supervisión del FMI. Boudou habla de la supervisión del artículo IV del estatuto del organismo. Lo que no dice es que, primero, haber impedido esas supervisiones ha sido tan absurdo como inútil. Esas misiones de supervisión se hacen en Rusia, en China y en los Estados Unidos. El izquierdismo verbal de los Kirchner hizo posible esta medida incomprensible e inaceptable de un país miembro. Los Kirchner y Boudou hacen equilibrio porque se apoyan en Pino Solanas y su tropa, pero deberán mostrar que no hay más remedio que volver al FMI. "Boudou vende humo diciendo que alcanza con la supervisión del artículo IV para pagarle al Club de París en cuotas, y eso no es cierto, para poder refinanciar habrá que tener un programa con el Fondo, un stand by o lo que sea, incluso aunque no incluya desembolsos; pero entonces habrá misiones periódicas, con una frecuencia superior a los doce meses, que es la del artículo IV", dijo un financista que conoce las negociaciones con el organismo multilateral. ¿La alternativa? Pagarle al Club de París en pocas cuotas, es decir, hacer un sacrificio fiscal enorme justo cuando se quiere volver a preparar el retorno de Néstor Kirchner a la candidatura presidencial. Las necesidades fiscales son las que hacen que el Gobierno se decida a no dar marcha atrás con los impuestos a los consumos de gas y luz. Una vía para recaudar y engordar la caja que ni siquiera asegura que lo obtenido se invierta para paliar la crisis energética. joviedo@lanacion.com.ar |