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| La Argentina de la era K: ¿se podrá sostener el dólar alto? |
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13/04 - 09:59 Juan Cerruti - El Cronista Comercial |
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EL VALOR REAL DE LA DIVISA ES HOY 30% SUPERIOR AL PROMEDIO DE LOS ÚLTIMOS 50 AÑOS
Más allá de vaivenes estacionales, para los analistas la baja de la divisa estadounidense en el largo plazo es inevitable. La incógnita es cuándo y a qué velocidad.
El dólar cerró ayer sin cambios, a $ 2,83, y detuvo así una racha descendente que lo llevó a ubicarse en su menor nivel en ocho meses. La intervención del Banco Central –que compró u$s 45 millones– apenas alcanzó para equilibrar un mercado dominado por las fuertes liquidaciones de los exportadores. Pero más allá de las vicisitudes diarias, la pregunta es si la reciente caída es una racha aislada o refleja una tendencia de largo plazo.
Aunque los economistas no se ponen de acuerdo sobre la continuidad del actual movimiento descendente, la mayoría asegura que en el mediano y largo plazo la tendencia bajista es inevitable.
De los últimos países que devaluaron –México, Corea, Indonesia, Rusia y Brasil– a excepción de este último, tras el alza inicial del tipo de cambio, todos registraron una apreciación real de sus monedas de entre 15 y 40% al cabo de los cinco años posteriores. ¿La Argentina correrá la misma suerte?
La experiencia internacional indica que la tendencia a la apreciación cambiaria es irrefrenable y, sobre todo, natural en el contexto de una economía en crecimiento. La cuestión pasa por saber cuándo y a qué ritmo comenzará a diluirse el superdólar.
"Hoy todo el mundo coincide en que más allá de los movimientos de corto plazo, en el mediano y largo plazo hay un solo camino: la apreciación. Este fenómeno en economía es casi como la ley de la gravedad en la física", dijo Jorge Vasconcelos, investigador de la Fundación Mediterránea, cuyo diagnóstico coincide con el de Daniel Heymann, de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), para quien "la incógnita es hasta dónde y a qué velocidad" ocurrirá la apreciación. "Pero no creo que volvamos al tipo de cambio de la convertibilidad", aclaró Heymann.
En rigor, el valor que siguen de cerca los economistas es el tipo de cambio real, es decir, descontando la inflación. Al respecto, la apreciación podría venir tanto por una caída del tipo de cambio nominal como por una aceleración en el ritmo de aumento de los precios.
Lo cierto es que para la mayoría de los analistas la Argentina se encamina a convivir en los próximos 3 o 4 años con un dólar mucho más alto que el de la convertibilidad, aunque claramente inferior al actual. Hoy está claro que el abultado superávit comercial obliga al Banco Central a intervenir a diario para sostener el tipo de cambio por arriba de $ 2,80. ¿Hasta cuándo la entidad que comanda Alfonso Prat-Gay podrá expandir la base monetaria sin entrar en zona de riesgo inflacionario?
Aunque la recuperación en marcha y una renegociación de la deuda con eventual desenlace exitoso podrían acelerar la caída del dólar, numerosos temas generan incógnitas sobre el futuro del dólar.
En particular, dos cuestiones: una previsible suba de las tasas internacionales y una caída en los precios de los commodities. Las tasas internacionales hoy están en su menor nivel en los últimos 40 años y los commodities, como la soja, marcan récords en más de una década.
Varios analistas se preguntan qué ocurrirá cuando esta situación se revierta. Ambos factores podrían incidir en un repunte del dólar. Más aun, los futuros de la soja en Chicago anticipan una caída del 36% en su precio hacia fines del año próximo. Además, según un informe de la consultora Maxinver, los inversores esperan que las tasas de interés internacionales se tripliquen en los próximos dos años, pasando de un promedio en torno del 1% anual actual a un valor cercano al 3,50% anual. Para completar el panorama, los pagos de Boden se incrementarán en casi el 100% a partir del año que viene (cuando superarán los u$s 5.000 millones), lo que podrían apuntalar aun más al dólar.
A los economistas les resulta difícil cuantificarlo, pero admiten que, sumados el efecto tasas, soja y Boden podrían demorar considerablemente la esperada apreciación del peso. Además, para aseverar que el tipo de cambio debería apreciarse (o no), y en qué cuantía, habría que determinar previamente el valor del dólar de equilibrio. "La Argentina, con el horizonte disipado, no es un país de u$s 3.000 per cápita, como se verifica en la actualidad. El promedio entre la década del 70 y 2003 fue de u$s 6.000 anuales, así que hay margen para una apreciación", precisó Heymann.
El promedio del tipo de cambio real desde 1950 hasta la fecha arroja un valor de 2,22 pesos por dólar. Una cifra claramente inferior a la actual, aunque muy superior a la de la convertibilidad.
Quien tiene la última palabra en materia de política cambiaria es el Banco Central. En este sentido, en los últimos días la relación entre el Ministerio de Economía que dirige Roberto Lavagna y la entidad que comanda Alfonso Prat Gay se resintió ante la caída del dólar. En el Gobierno están convencidos de que la baja de la divisa estadounidense es estacional, por lo que instaron al Central a redoblar los esfuerzos para apuntalar su cotización.
Dólar vs. canasta
En la vereda de enfrente, la autoridad monetaria reconoce que el dólar es un referente obligado de los argentinos, pero destaca que su precio es erróneamente tomado como índice de la competitividad del país. En este sentido, en el Central explican que el comercio con los Estados Unidos representa solo el 13% del total de los intercambios externos de la Argentina.
El indicador que sigue de cerca la entidad monetaria es el tipo de cambio multilateral, el cual contempla la estructura de comercio del país. Además del dólar, se incluyen en esta canasta teórica el euro, el real, el yen y el yuan. Tomando este indicador, se observa que tras una devaluación inicial que hizo caer el tipo de cambio casi 70%, la baja actual es de solo 56% en relación a los valores de la convertibilidad.
Frente al resto de la monedas el peso se devaluó, pero las oscilaciones fueron más acotadas que cuando solo se considera al dólar.
Existen otras dos razones adicionales que explican la reticencia del Central por apuntalar con mayor ímpetu al dólar. Por un lado, el compromiso manifiesto de la entidad en comenzar a implementar un mecanismo de inflation targeting, que precisamente desliga a la política monetaria de la manipulación del tipo de cambio como objetivo final, para pasar a ser una herramienta al servicio de una meta de inflación anual estipulada explícitamente.
Por el otro lado, el hecho de seguir interviniendo implica inyectar pesos al mercado en momentos en que por restricciones de oferta varios sectores de la economía comienzan a vislumbrar una tendencia alcista en los precios.
En la concepción del Central esto es un arma de doble filo: evitar una caída del tipo de cambio real –vía apuntalar la cotización del dólar emitiendo pesos– podría significar sembrar las bases para su baja en el mediano plazo a través de una mayor inflación. |
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