Los empresarios, el Gobierno y la oposición coinciden en que la economía de 2010 mejorará, y por lo tanto habrá más negocios. Sin dudas, y a pesar de los innumerables problemas que tiene la Argentina, existe una intuición de que la situación cambiará poco, pero para bien. Para tal presunción se basan en lo que puede ocurrir a nivel internacional, y sobre todo lo que va a pasar con el dólar.
Luego de un año de crisis financiera internacional, cuyo epicentro fue Estados Unidos, pero los coletazos alcanzaron a todos los rincones del planeta, la situación general en el mundo es de mayor pobreza. Sin embargo, el centro neurálgico no cambió. Es decir, antes de la crisis Estados Unidos concentraba el 25% del Producto Bruto Mundial, y ahora la principal economía del mundo sigue teniendo el mismo porcentaje. Tampoco cambiaron los refugios seguros como la inversión en Bonos del Tesoro americano, y menos aún cambió el dólar como patrón monetario.
Claro que en el medio de tal situación la Reserva Federal americana (FED) duplicó durante este último año su base monetaria. Y aquí parece estar el nudo de la cuestión. Con Alemania que asegura que técnicamente salió de la recesión, con Japón que afirma lo mismo; y con Estados Unidos agazapado para volver a consumir, la mayor cantidad de dólares en manos de los estadounidenses generará, casi con seguridad, una inflación sobre el patrón de cambio. Tal presión, para los economistas, terminará desvalorizando al dólar contra el euro y contra los commodities. Si esto ocurre, la Argentina tendrá ventajas comparativas porque devaluará sin hacerlo. Esto es así porque el dólar estará más barato en el mundo y todo indica que la política monetaria del Gobierno no intentará apreciar al peso.
En este sentido, las aguas de dividen. Algunos empresarios aseguran que, si se da, será el mejor escenario porque posibilita mayor estabilidad laboral ya que el tipo de cambio alto funciona como barrera comercial a la hora de importar, y por lo tanto, se garantiza la producción local porque importar resulta caro.
Otros, en cambio sostienen que un país pensado en el largo plazo tiene que contener, además de un tipo de cambio competitivo, una suerte de diferenciación por calidad.
El ejemplo que colocan es el del médico: si un paciente se atiende con un médico generalista el costo de la visita va a ser menor que si concurre a un especialista que entiende sobre la patología que le fue diagnosticada. Y en este sentido, dicen los que están con esta tesis, el país debe apuntar al médico especialista y no al generalista.
Pero más allá de las teorías, los empresarios empezaron a ver que en los tiempos que corren tener posiciones en dólares en el mundo no es negocio, y tampoco lo es en la Argentina. Así, el dólar futuro del Banco Central, ese que funciona como parámetro de lo que se presume que costará el billete verde en el corto y mediano plazo, comenzó a descender. Como ejemplo vale recordar que antes de las elecciones de junio pasado, el dólar futuro (para fin de año) cotizaba a $ 4,07, y ahora, unos meses más tarde, a diciembre cotiza más bajo, a $ 3,84.
Los números no hacen más que reflejar cómo los empresarios desarman sus posiciones en dólares, y se vuelcan a los bonos del Estado y en muchos casos a poner algunas fichas en la Bolsa.
De todos modos, los empresarios, si bien están convencidos de que el año próximo la economía mejorará, aún tienen miedo de cómo funcionará el Gobierno.
Los que están en esta línea piensan que el matrimonio Kirchner puede actuar nacionalizando empresas tal como lo hace el venezolano Hugo Chávez. Pero, más allá de los miedos, justificados o no, por ahora, de lo único que están seguros es de que estar invertidos en dólares no parece ser un buen negocio. Al menos en el corto plazo. |