Tres días después de que Lula Da Silva desmintiera los rumores de la prensa, el Ministro de Haciendo, Guido Mantega, se encargó de oficializarlo. Brasil impuso un impuesto a los flujos de capitales que se dirigen a bonos y acciones, con el fin de detener la apreciación del real (que lleva 35% de incremento en el 2009). Si bien ante la prensa el ministro de economía afirmó que la medida será para “evitar una especulación excesiva en las acciones y el mercado de capitales” en general, lo cierto es que las presiones para suavizar la fortalece de la moneda estuvieron a la orden del día. De hecho, el gravamen comenzará a regir a partir de hoy. La alícuota será del 2% y se aplicará a los fondos que ingresen a Brasil con fines financieros, quedando exceptuados los dólares de la inversión extranjera directa (IED). De esta manera, reflotaron el tributo bautizado como Impuesto sobre Operaciones Financieras (IOF) que Lula había dejado sin efecto en octubre del 2008. Hasta ese momento, se pagaba 1,5% por la compra de activos financieros (excluía a las acciones) y un 0,38% por préstamos en dólares.
La idea es frenar las operaciones tradicionalmente llamadas de “carry-trade” (los inversores piden prestado en monedas de bajo rendimiento para invertir en activos de alta ganancia). La medida que adoptó ayer Brasil podría darle oxígeno al Banco Central, que está interviniendo en la plaza comprando cuanto dólar esté dando vueltas. De hecho, Henrique Meirelles –el titular del BCB– lleva acumuladas alrededor de u$s 20.000 millones desde que empezó a incursionar el 8 de mayo pasado, incluyendo u$s 3.481 millones en septiembre y u$s 5.383 millones a inicios de octubre. Así y todo, el real se fortaleció casi 40% este año, convirtiéndose en la moneda de mejor performance contra el dólar.
“El exceso de liquidez global puede producir una apreciación mayor del real”, dijo ayer Mantega. Esto, además, podría perjudicar a la economía vía la competitividad cambiaria para las exportaciones y encarecer notablemente las importaciones hacia Brasil. La fortaleza de la moneda no es novedad para ningún analista. Ocupa el primer lugar en el ránking de las 16 monedas más negociadas del mundo, ya no sólo del universo emergente. Sucede que las compras del BCB fueron insuficientes para detener la avalancha de dólares.
De todas formas, Mantega agregó que la medida no debilitará al real, si bien confirmó que se lleva a cabo para hacer más lenta la apreciación y prevenir la creación de “burbujas” en el mercado brasileño. “Son para prevenir excesos”, dijo Mantega.
La Bolsa de Brasil, el IBovespa, es una de las plazas más rentables este año. Gana 80% en moneda local pero si se calcula el rendimiento en dólares trepa a alrededor de 140%, precisamente por la apreciación del real y el aluvión de billetes verdes al mercado que las calificadoras de riesgo tienen rotulado como “investment grade” o grado de inversión.
Algo de esto había deslizado Meirelles el viernes pasado. Subliminalmente, dijo en Nueva York que el banco central tiene que “alertar a los inversores y al mercado de los riesgos de exagerar los precios, que pueden crear futuras correcciones y una volatilidad innecesaria”. Si bien no había hecho comentarios sobre la versión periodística del impuesto, a la luz de los acontecimientos fue un forma bastante sutil de contar lo que vendría.
El BCB tiene en sus reservas u$s 232.000 millones, un monto que creció en u$s 26.000 millones tan solo este año. Los analistas estimaban un dólar en Brasil en torno a los 1,60-1,70 por dólar pero ahora se esperan las nuevas proyecciones y el impacto que tendrá (o no) la restauración del tributo. “No queremos especulación de corto plazo”, consignó Mantega, algo que bien se le podría haber escuchado a Néstor o a Cristina Kirchner.
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