Por IGNACIO OLIVERA DOLL - El fuerte ingreso de capitales que sienten los emergentes por la vuelta del apetito al riesgo y la caída del dólar en el mundo fue generoso con los bancos centrales de la región, pero bastante más mezquino con la Argentina. El saldo de reservas internacionales que acumuló la economía local en la segunda parte de 2009 -e incluso desde principios de año hasta hoy- fue el menor entre todas las economías vecinas, y representó apenas el 1% del total captado por un grupo de ocho países que midió El Cronista.
En el período del 30 de junio hasta hoy, cuando justamente se percibió el mayor ingreso de capitales sobre los emergentes, los organismos monetarios de la región acumularon unos u$s 33.700 millones. Pero, de ellos, el Banco Central argentino sumó apenas u$s 330 millones, e incrementó su stock en un 0,71%. El logro aparece insignificante en comparación con el que registraron, paralelamente, otras entidades reguladoras cercanas: el Banco Central de Chile amplió su saldo en un 13%, en ese período (unos u$s 3.300 millones), Brasil en un 12% (u$s 24.500 millones), Venezuela en más de un 8% y Colombia en casi un 6%.
La Argentina fue junto a Venezuela uno de los dos únicos países que no lograron engrosar sus reservas a lo largo de 2009: desde inicios de año, el stock cayó 0,1% (en tierra bolivariana: 23%). El resto, en cambio, las aumentó entre 5% y 24%.
“Brasil, Chile y Colombia, por ejemplo, fueron países que durante todo el año tuvieron políticas muy pro mercado, y que fueron grandes receptores en el ingreso de capitales que sintió la región. La Argentina, en cambio, con el conflicto del campo, el escenario electoral y la estatización de las AFJP mantuvo la aversión al riesgo más alta de Latinoamérica”, explicó el analista de Bulltick Capital Market, Alberto Bernal. E interpretó como una “buena noticia” el hecho de que la Argentina no viera derrumbarse sus reservas por el efecto “amortiguador” del superávit comercial, que “fue lo suficiente alto como para compensar la fuga de capitales”.
La demora en las propuestas para mejorar la relación con los mercados internacionales provocó una salida de casi u$s 3.000 millones entre julio y septiembre, e impidió la acumulación de reservas a pesar de la estabilidad financiera y el mayor apetito al riesgo que se percibió a nivel global.
Con todo, la puesta en marcha del canje de deuda parece haber empezado a cambiar la suerte y revertir la tendencia: en octubre, la Argentina ya se ubicó entre los cuarto países de la región que recuperó mayor cantidad de ahorros para su banco central, con un 2,3% de incremento en el mes (unos u$s 1.044 millones), y sólo detrás de Bolivia (8,5%), Perú (7,7%) y Brasil (3,7%). “La voluntad de volver a los mercados internacionales ya comenzó a mejorar el ambiente entre los inversores. Después de los holdouts, apuesto a que va a haber un influjo de recursos muy importante y muy fuerte a la Argentina”, agregó Bernal.
Lo cierto es que, por el momento, el país está bastante a salvo de los riesgos que suelen traer, para algunas economías, los fuertes ingresos de capitales. El aluvión de divisas llegó a convertirse en un problema para el manejo de la política cambiaria en algunos países de la región, como Chile, en donde el tipo de cambio pasó entre junio y octubre de los 553 a los 530 pesos chilenos por dólar; y Brasil,en donde pasó de los 1,9521 a los 1.7165 reales por dólar. En igual tiempo, el sentido de la divisa en la Argentina fue inverso: de $ 3,81 a $ 3,83. En diálogo con El Cronista, el economista chileno Tomás Flores, director del Instituto Libertad y Desarrollo, explicó que el aumento de las reservas de su país “no respondió a una política explícita del banco central”, sino que se dio de manera prácticamente natural, cuando el precio del cobre (la “soja chilena”) subió de u$s 1,40 a u$s 3 por libra en sólo un año. |