El sistema financiero está sólido en la Argentina. Con esta frase coinciden los banqueros y los analistas. Los ahorristas minoritarios y los empresarios en cambio, todavía parecen tener algún que otro temor por lo ocurrido a fines de 2001, cuando el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, le dio forma, confiscando los depósitos privados, al denominado ‘corralito‘ para ponerle un freno a la fuga de divisas.
Así, y más allá de que el sistema muestra números más que dignos (los depósitos totales del sector privado crecieron algo más del 13%, cerca de $ 22.000 millones en los primeros 10 meses del año), los ahorristas colocan el dinero en su mayoría a corto plazo. Una muestra de ello es que a octubre, 68% de los depósitos del sector privado eran a 35 días. Por ese plazo el recupero tiene una tasa que ronda entre el 11% y el 15% anual. Nada mal si se mide esa ganancia de retorno contra la inflación y un buen negocio si la comparación es contra un dólar planchado.
Claro que la confianza sólo en el corto plazo que tienen los ahorristas termina perjudicando de forma directa a la clase media. Esto es así porque si los bancos tienen que pagar una tasa elevada para captar depósitos, y así y todo, lo que logran es contar con dinero a 30 días, la única posibilidad de prestar dinero a largo plazo como son los créditos hipotecarios, es cobrando tasas exorbitantes, o cobrando tasas menores, pero subsidiadas por el Estado. Como ejemplo hay que decir que apenas el 1% de los depósitos privados están colocados a más de 6 meses.
Pero lo que para muchos es un problema para otros es una oportunidad. Y en este sentido, siempre que hay grandes diferencias en las tasas, los negocios suelen ser más financieros que de costumbre. Por eso las empresas le empezaron a poner el ojo a lo que está ocurriendo y en su mayoría están satisfechas con que la situación se mantenga. Es que el esquema que nuevamente empieza a tomar forma es uno muy conocido en la Argentina: la famosa bicicleta financiera.
Para los menos memoriosos, una de las variantes consiste es pedir un préstamo en una moneda, colocar el dinero a plazo fijo en otra, y pagar el crédito con el diferencial de tasa. Así, varias de las empresas que exportan (por normativa del Banco Central si presentan los avales de ventas al exterior pueden recibir créditos en moneda extranjera), están tomando créditos en dólares y pagando un interés de entre 3% y 5% anual, y al mismo tiempo colocando plazos fijos en pesos, por donde reciben intereses entre 12% y 17% según el banco. Con un tipo de cambio relativamente estable y con el mercado de futuros a la baja, el negocio financiero está a la vista.
Claro que el negocio les sirve si las colocaciones en pesos son por sumas importantes. Es decir, se gana por cantidad no por alto margen. Es que si bien a primera vista el diferencial de tasa parece muy abultado, para que el negocio resulte hay que tener en cuenta que por cada punto que deben pagar en dólares, deben recibir cuatro puntos del plazo fijo en pesos para cubrir el bache que genera un tipo de cambio de $ 3,82 por cada dólar según el cierre del mercado argentino de ayer. |