Por Martín Burbridge - Si Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, mirara por la ventana de su oficina, tal vez comprobaría que los bárbaros ya están llegando a las puertas del organismo, encargado de velar por la estabilidad y fortaleza del dólar. Porque en las últimas semanas se supo (gracias a una nota publicada por el diario inglés The Independent) de una serie de reuniones secretas mantenidas entre ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales de Japón, Francia, China, Rusia y varios países árabes productores de petróleo (Arabia Saudita, Kuwait, Qatar y Abu Dhabi) para dejar de utilizar la moneda estadounidense en el comercio internacional de crudo.
Estos encuentros tienen todo el tufillo de tratarse de un complot para desbancar al dólar y reemplazarlo por una canasta de monedas que incluiría al euro, el yen japonés, el yuan chino y una nueva moneda única que estarían por crear los países del Golfo. Pero la realidad también indica que el que avisa no traiciona, por lo que Bernanke y los demás funcionarios de la Fed ya venían recibiendo desde hace rato señales de que algo podía pasar en ese sentido.
Sin ir más lejos, en la Cumbre del G-20 de Londres, en abril de 2009, varios funcionarios chinos de alto rango plantearon la necesidad de revisar la supremacía del dólar en el comercio mundial. Incluso el gobernador del Banco Popular de China, Zhou Xiaochuan, fue más allá al sostener la conveniencia de reemplazar el dólar por el SDR (moneda que utiliza el FMI para su contabilidad interna), porque la divisa de referencia mundial “debería estar desconectada de las condiciones económicas y los intereses soberanos de un solo país”. Brasil, por su parte, comenzó una movida para eliminar el dólar de sus transacciones comerciales con China y la Argentina, optando por las monedas de cada país con el que comercia. Incluso el presidente del Banco Mundial, el estadounidense Robert Zoellick, sostuvo recientemente que “uno de los legados de la crisis podría ser el reconocimiento de un cambio en las relaciones de poder económico”, mostrando que desde los organismos internacionales también se había tomado nota de lo que se venía.
Pero esta “rebelión en la granja” de los EE.UU. va mucho más allá y está encaminada a quitar la divisa estadounidense de todo el comercio mundial de petróleo. La principal abanderada de esta política es China, cuyo enviado especial al Medio Oriente advirtió que las tensiones iban a crecer entre su país y EE.UU. respecto del crudo y su demanda mundial. “Los conflictos bilaterales son inevitables. No podemos bajar la guardia frente a la hostilidad en Medio Oriente relacionada con nuestros intereses energéticos y de seguridad”, agregó el funcionario. En ese sentido, fue el gobierno chino quien inició los contactos para formar este grupo de “rebeldes”. Para China, el tema es fundamental, ya que importa el 60% de su consumo.
Para los países productores, la actual situación de debilidad del dólar (devaluación encubierta) que se viene arrastrando desde hace 3 años reduce sus ingresos por exportaciones de crudo, al valer menos en las demás monedas de referencia (desde 2006, el euro pasó de costar u$s 1,20 a los actuales u$s 1,50, si bien el tipo de cambio recuperó parte de lo perdido durante un tiempo, durante el segundo semestre de 2008). La enorme deuda pública que arrastra EE.UU. hizo que la Fed dejara deslizarse el tipo de cambio, como forma de impulsar las exportaciones y mejorar el saldo deficitario de su balanza comercial. Pero lo que gana EE.UU. en el comercio mundial lo pierden los demás países, en este caso, los exportadores de crudo.
Pero, muerto el perro, ¿se acabó la rabia? Para China, la solución pasa por “sacar de la cancha” al dólar para evitar que los desequilibrios de EE.UU. tengan que ser pagados por el resto del mundo. De hecho, el gobierno chino también pierde miles de millones de dólares debido a su enorme tenencia de Bonos del Tesoro, pero si bien está reduciendo de a poco su exposición a la deuda estadounidense diversificando en otras monedas, tampoco puede hacerlo demasiado rápido sin provocar una mayor devaluación.
Pero este cambio, que en una primera etapa de transición se haría reemplazando al dólar por el oro en el comercio de petróleo (según fuentes bancarias chinas citadas por The Independent), implicaría a su vez una muy significativa y profunda transformación de las transacciones financieras internacionales. Desde los Acuerdos de Bretton Woods, el dólar se convirtió en la piedra basal de todo el comercio mundial, en línea con la supremacía económica y política de EE.UU. Pero la crisis subprime dejó al rey desnudo y frente a nuevas potencias económicas emergentes lideradas por China, pero donde Rusia, Brasil y la India también tienen su peso propio en el orden global. Lo que muestra este proyecto es reflejo de la realidad post subprime: un mundo en el que el comercio internacional se hará mediante un conjunto de monedas en lugar del dólar. Mientras la economía estadounidense mantuvo su estabilidad, el mundo se acomodó al empleo del dólar. Pero con la inestabilidad actual, todos encuentran beneficios en diversificar la moneda de referencia mundial.
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