La presidenta Cristina Fernández de Kirchner celebró, en el acto donde anunció el Fondo del Bicentenario, el hecho de que la Argentina no haya dejado caer la cotización del dólar. La primera mandataria sostuvo que, si no fuera por la política de acumulación de reservas e intervención del Banco Central en el mercado de cambios, hoy en vez de haber un dólar a 3,82 habría uno de 1,60.
Comparó además el nivel de la moneda argentina con el del real brasileño, que ha sufrido un fuerte proceso de suba, al punto que en la actualidad en Brasil la divisa cotiza a apenas 1,75 reales.
Ese hipotético nivel de tipo de cambio en $1,60 (“por debajo del real, con todo lo que eso implica”, lo calificó la Presidenta) es visto desde el Gobierno como una amenaza para la competitividad.
Un dólar que baja abruptamente su nivel deja a la industria expuesta al ingreso de importaciones baratas y, por otra parte, complica a los exportadores.
En consecuencia, la visión oficial es que la política económica debe apuntar a sostener la cotización del dólar.
Sin embargo, cuando se mira el tipo de cambio real (y no sólo el valor nominal que aparece en las pantallas de las casas de cambio) se llega a la conclusión de que el poder de compra del dólar está exactamente en el nivel que el Gobierno quiere evitar.
Es decir, un dólar a $3,82, en una economía con inflación acumulada, equivale a un dólar de $1,68 en un país sin suba de precios. ¿Por qué ocurre esto?
Sucede que hay varias formas de revaluar una moneda. Por ejemplo la que aplica Brasil, que es dejar que el dólar flote, pero intentando contener la inflación. Argentina hace lo opuesto.
Así se había referido el economista Tomás Bulat en una entrevista con iProfesional.com: “La Argentina se está volviendo cara en dólares pero no por las mismas razones que el resto de los países. Brasil está más caro porque su moneda se revaluó y pasó de 2,20 a 1,70. Lo mismo puede decirse de Chile y Perú. En la Argentina el dólar no se movió en términos nominales, pero aquí hay algo que en los demás países no hay, y es la inflación”.
Y agregó que apreciar la moneda por medio de un proceso inflacionario no sólo perjudica la competitividad, sino que además genera inequidades.
“Esta forma de revalorizarse de la Argentina genera distorsiones, porque afecta más a unos que a otros. Por ejemplo, hace que por la presión sindical, los costos de la industria crezcan más que en el promedio de la economía”, destacó Bulat.
Caminos bifurcados Las políticas cambiarias de Brasil y la Argentina fueron similares hasta 2004, cuando se acentuó la debilidad del dólar a nivel mundial, y muchos países de la región adoptaron la estrategia de dejar apreciar sus monedas, como forma de evitar la inflación.
“Venían parejos a una cotización de 3 por 1, pero después el peso se sostuvo en tres y el real cayó a 1,60. Entonces el dólar de 3 pesos con un 20% de inflación anual era lo mismo que el dólar de 1,60 con 4% de inflación”, explicó el economista Carlos Melconian, titular de la consultora M&S.
Aunque de inmediato aclara que, si bien las dos políticas pueden ser similares, desde el punto de vista de cómo afectan la competitividad del tipo de cambio, no son iguales en cuanto al impacto macroeconómico. “No es inocuo tener una inflación de 20% anual”, señala.
Al comparar qué ocurrió en los dos países, desde que tomaron caminos divergentes en política cambiaria, puede verse que el dólar en la Argentina no está tan alto en términos reales. La devaluación acumulada en ese período fue de un 29%, mientras que la inflación de estos años fue de 127% según la estimación de los economistas privados.
La conclusión es que hoy en la Argentina se puede comprar con un dólar lo mismo que en 2004 se compraba con 57 centavos de dólar.
Dicho en otras palabras, es lo mismo que si no hubiese habido inflación y el dólar hubiese caído hasta 1,68 pesos.
Si este cálculo se realiza tomando en cuenta la suba de precios oficial del INDEC, y no la que estimaron los economistas privados, también se registra una pérdida de competitividad de la economía, aunque en un grado menor.
Contra un alza de precios acumulada de 62% que da la estadística oficial, la equivalencia sería a la de haber dejado caer el dólar hasta 2,36 pesos.
De manera implícita la Presidenta, al señalar que el dólar podría haber caído hasta $1,60, parecería estar haciendo un cálculo que valida tácitamente la inflación que calcularon los privados y no la del INDEC.
De todas maneras, los partidarios de la política oficial tienen también algunos puntos a favor.
Primero, el argumento varias veces expresado por el presidente del Banco Central, Martín Redrado, en el sentido de que la memoria devaluatoria de los argentinos no tolera una excesiva volatilidad en el mercado cambiario.
También debe recordarse que en Brasil la política de libre flotación no fue un impedimento para que hubiese inflación.
O sea que en comparación con el 2004, cuando cada uno adoptó una política diferente, la Argentina efectivamente tuvo una leve ganancia de competitividad frente a Brasil.
Fernando Gutiérrez (c) iProfesional.com |