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Mara Laudonia - La publicación del decreto 2010 que habilita a crear una garantía de pago de la deuda pública del año próximo con recursos de las reservas- el denominado Fondo del Bicentenario-, levantó polvareda hasta en el seno del Banco Central, donde los asesores legales estudian la norma a pedido de Martín Redrado, para evaluar la viabilidad de la medida.
Es que el artículo primero del decreto abrió una caja de Pandora sobre el uso que podría dársele a la reservas y motorizó cuestionamientos de todo el abanico ideológico de la Argentina, a la vez que envalentonó a los fondos buitre que realizan juicios contra el país en el mundo a querer sacar tajada del mismo para cobrar sus acreencias impagas.
Son al menos tres los ejes de la polémica desatadas por el uso de "reservas de libre disponibilidad" para el pago de deuda. Por un lado, y pese a que el decreto es muy similar al que se usó para cancelar los 9.500 millones de dólares en deuda con el FMI, se cuestiona si es lo mismo pagarle a un organismo multilateral que a un acreedor privado. Y aquí también meten cuña propulsores de todo un bagage teórico hoy no contemplado en la Carta Orgánica, de quienes quieren utilizar las reservas no sólo para garantizar la estabilidad de la moneda, sino para proyectos de infraestructura.
En segundo lugar, y como correlato, si se habilita a pagarle a inversores privados la deuda, ante el mundo el Banco Central operaría como una caja más del Tesoro argentino. Dilucidar este punto es de extrema importancia, en la medida de que, si se abona esta teoría, las reservas y las cuentas que tenga el Banco Central en el mundo podrían no gozar de inmunidad soberana, con lo que podrían estar sujetos a embargos.
Un tercer punto a discutir es el uso que se le da hoy, en un contexto de pos convertibilidad, a la definición de reservas de libre disponibilidad y cuál es el nivel de reservas ideal. En los '90, donde la pretensión era que un dólar valía un peso, cada peso en circulación (base monetaria) estaba garantizado por las reservas del Central.
Hoy, en un marco de flotación administrada del dólar, este concepto pierde relevancia, y en realidad prima la idea de contar con un colchón fuerte de reservas, necesario para evitar oscilaciones bruscas de la moneda. En criollo, para que en caso de una eventual corrida, haya suficiente como para frenarla sin provocar una estampida del billete verde. Con la afectación de los 6.500 millones en reservas, el respaldo de la moneda de todos los pasivos financieros -además de la base monetaria- pasaría de un dólar a $ 4,10 a $ 4,80, sostiene el análisis de una consultora.
Sin embargo, cabe aclarar que aún en el "escenario malo" planteado en este informe para el año próximo, la consultora cree que el Gobierno "logrará garantizarse como mínimo el mismo nivel de reservas" que ahora, debido a la mejora en las condiciones externas.
Es en este contexto que, como sucede con este tipo de medidas delicadas, el titular del Central derivó el asunto al Departamento de Estudios legales la nueva normativa, que pese a se casi un réplica del texto del 2005, cuando se le pagó al Fondo, difiere desde el punto de vista de que el texto había sido refrendado por ley, gozaba de la aprobación del procurador del Tesoro y había sido aprobado por el directorio del Central.
Para esta vuelta, una porción importante de directores se muestra a disgusto con el nuevo decreto, por lo que se augura la aparición de un decreto reglamentario que ayude a salvar algunos vacíos legales que eviten eventuales embargos, entre otros puntos.