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| La dependencia del dinero extranjero podría perjudicar a Estados Unidos |
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26/04 - 10:00 The Wall Street Journal |
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Por Greg Ip -
A medida que Estados Unidos ha pasado a depender cada vez más de los bancos centrales de otros países para financiar sus déficit fiscal y comercial, surge una interrogante: ¿Pueden gobiernos de otros países, como China, usar esto como una herramienta para influir en la política exterior de Washington?
La mayoría de los expertos creen que se trata de una idea descabellada. Pero algunos observadores están preocupados.
"Ciertamente hay algo un poco raro cuando la mayor potencia del mundo es también el mayor deudor del mundo", dijo en un reciente discurso Lawrence Summers, presidente de la Universidad de Harvard y ex secretario estadounidense del Tesoro. Summers considera "perturbador" que EE.UU. dependa tanto de entidades "inevitablemente políticas" para financiar su deuda externa.
El año pasado, EE.UU. registró un déficit de US$541.000 millones en su cuente corriente que fue financiado mediante la venta de acciones, bonos y otros activos a los inversionistas extranjeros. EE.UU. ha tenido esa clase de déficit durante años, pero en la mayor parte de los ocasiones fueron financiados por inversionistas privados cuyas compras de activos estadounidenses eran consideradas una señal de confianza.
Pero en los últimos años, el ingreso de capitales privados no se ha mantenido a la par del crecimiento del déficit en cuenta corriente y los bancos centrales de otros países han cerrado la brecha, comprando más de US$200.000 millones en activos estadounidenses, en su mayor parte bonos del Tesoro. Esto sirve para mantener a raya la apreciación de sus monedas contra el dólar, lo que hace que las exportaciones de su país sean más competitivas.
En la actualidad, los bancos centrales extranjeros, encabezados por los de China y Japón, tienen cerca de US$1 billón en bonos del Tesoro estadounidense, casi una cuarta parte de la deuda circulante. Esas reservas benefician a sus intereses económicos, pero también les otorgan una potencial herramienta de influencia.
Imagine un conflicto entre China y EE.UU. sobre la independencia de Taiwan. ¿Qué pasaría si China deja de comprar bonos estadounidenses o los vende de una vez? A medida que fueran cayendo los precios, sus rendimientos, que se mueven en dirección opuesta, empezarían a subir. Se elevarían las tasas de los préstamos hipotecarios, lo que deprimiría las ventas de viviendas y debilitaría la economía de EE.UU.
¿Cuán vulnerable es EE.UU.? No mucho, sostiene el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan. Aunque la tenencia de bonos del Tesoro de parte de los bancos centrales es grande, es pequeña en relación el volumen total del mercado de deuda estadounidense y sería fácilmente absorbido. Además, la mayoría de esos activos son bonos de corto plazo, con vencimientos de dos años o menos, cuyos rendimientos tienden a depender más de la política monetaria de la Fed que de acontecimientos puntuales.
De todos modos, si los bancos centrales paran de comprar, alguien tendría llenar el hueco.
Los precios de los bonos estadounidenses cayeron a mediados de marzo ante la noticia de que Japón podría dejar de comprar dólares para impedir una apreciación excesiva del yen.
También ha habido instancias en las que la compraventa foránea acentuó las tendencias del mercado estadounidense.
El drástico aumento en el rendimiento de los bonos a mediados del año pasado, atribuido a problemas de comunicación de la Fed sobre la amenaza deflacionaria, podría haber partido cuando los japonesas se desprendieron de bonos del Tesoro para compensar pérdidas en el mercado de deuda interno.
Otros economistas mantienen que a otros países no les interesa desestabilizar los mercados estadounidenses, porque también saldrían perjudicados. Si China dejara de comprar dólares, su moneda se apreciaría, lo que encarecería sus exportaciones.
Los líderes chinos "escuchan lo que dicen los exportadores, que no quieren una apreciación de la moneda porque podría mermar sus ingresos por concepto de exportaciones", dice Nicholas Lardy, un experto en ese país para el Institute for International Economics. "Están preocupados por la estabilidad política, que consideran una función del crecimiento del empleo".
Summers reconoce estos argumentos, pero agrega que "ciertamente, no puede ser prudente para nosotros como país depender de una especie de equilibrio de terror financiero para frenar una venta [de dólares] que pueda amenazar nuestra estabilidad".
En la historia hay una serie de instancias en las que los países subordinaron sus intereses económicos a objetivos políticos. En 1967 y 1973 los países árabes decretaron un embargo a los envíos de petróleo a EE.UU. debido al apoyo de Washington a Israel.
Asimismo, usar medios económicos con fines políticos tampoco es nada nuevo. Eso fue, precisamente, lo que hizo EE.UU. durante la crisis del Canal de Suez, en 1956, recalca el ex asesor de Bill Clinton y actual representante a la Cámara. Rahm Emanuel. Para obligar a Gran Bretaña y Francia a sacar sus tropas de Egipto, Washington se negó a proveerles petróleo de emergencia e impidió que el Fondo Monetario Internacional ayudara a Gran Bretaña a defender su moneda.
Ahora, a Emanuel le preocupa que EE.UU. haya dado a China "un poder de veto sobre nuestra seguridad e independencia económica". |
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