La función pública parece ser ingrata a cualquier parte del mundo. El operativo desgaste a un presidente de banco central, este caso a Martín Redrado por parte del kirchnerismo dentro del mismo BCRA –limitando casi a cero su poder de acción–, no se produce sólo en la Argentina. El mismísimo Ben Bernanke está sintiendo en carne propia la presión política para encapsular su poderío. Christopher Dodd, el titular del Comité Bancario del Senado estadounidense, quiere quitarle a la Reserva Federal la potestad de supervisar a las entidades financieras. El argumento, no se cansa de decir, es categórico: “La performance de la Fed durante la crisis financiera fue un fracaso abismal”. Para peor, Bernanke tiene en suspenso la continuidad de su cargo. Se conoció ayer que el Senado de Estados Unidos no votará esta semana sobre la confirmación del Bernanke como presidente de la Fed para un segundo periodo luego de cuatro años. Sin embargo, se sigue esperando que el actual chairman sea confirmado en su cargo. El primer periodo del presidente de la Fed expira el 31 de enero y si Bernanke no es confirmado para esa fecha, es incierto si podría continuar dirigiendo el banco central estadounidense.
Así las cosas, los senadores tienen contra las cuerdas a Bernanke. La Fed, como era previsible, también está haciendo lobby. El organismo monetario envió un paper de 11 páginas a los senadores diciendo que la propuesta en ciernes “reduce severamente su habilidad para conducir la política monetaria y proveer ayuda de emergencia a los prestamistas”. Sucede que el rol de supervisión de la Fed le provee de información que ayuda a determinar las tasas de interés. La idea central de Bernanke & Cía. es que si prospera esta iniciativa, no podrán asegurar una correcta evaluación del sistema financiero. La contraofensiva del organismo monetario cuenta con el aval del presidente Barack Obama.
La obvia respuesta del mercado financiero a esta “intromisión” política en las facultades de la Reserva Federal es negativa. La agencia Bloomberg realizó un sondeo entre 873 inversores y los resultados demostraron el nerviosismo que esta medida pueda desatar. El 57% de los consultados dice que de convertirse en ley la iniciativa, la Fed quedará expuesta a la influencia política y dañará su habilidad para conducir la política monetaria.
“Que Dios no permita la intromisión política en una de las pocas instituciones que funcionaron durante la crisis”, dijo Giovanni Conti, un ejecutivo de International Fund for Agricultural Development, una agencia de las Naciones Unidas, que respondió en la encuesta de Bloomberg. “Esta crisis demostró la necesidad de un banco central por sobre la política monetaria y el monitoreo del sistema financiero”, agregó.
Los inversores son críticos también con los nuevos impuestos a la industria financiera y las regulaciones. Algo también obvio que –de todas formas– es impulsado por el mismo presidente Obama. Claro que las peleas entre la política y los bancos centrales no son algo nuevo. John Greene, de Pioneer Investment Management, dijo que “en Irlanda la influencia política sobre el banco central contribuyó significativamente a la caída de la economía”. “Algo similar podría pasar en EE.UU.. Creo que esto puede conducir a un mayor riesgo en el control la economía, lo que derivaría en el ritmo de actividad”, añadió. |