Por Martín Kanenguiser - Aunque el canje pueda avanzar con mayor o menor rapidez, inversores y analistas de Wall Street parecen estar cada vez más escépticos sobre la capacidad de pago de mediano plazo de la Argentina y creen que la inflación se convertirá en un mayor dólor de cabeza. Informes de Wall Street difundidos ayer en relación con la Argentina consideran que, a pesar de que la operación para avanzar en la salida del default se lleve a cabo, su capacidad de pago está puesta en duda, sobre todo de cara a 2011. El interrogante crece porque los expertos creen que el Gobierno no está en condiciones de ratificar en el Congreso el DNU que permite el uso de reservas. "Aun cuando haya un acuerdo exitoso con los holdouts y a menos que haya un cambio creíble en el régimen de política económica, el deterioro del riesgo global significa que la capacidad de la Argentina de financiar su deuda seguirá dependiendo de su performance exportadora", señaló Boris Segura en un informe del Royal Bank of Scotland. En este contexto, Segura consideró que "entre quemar sus reservas o dejar que la moneda se devalúe, la Argentina elegiría la segunda posibilidad". Esto se torna preocupante porque "aunque hay espacio para que los precios de los bonos crezcan con un canje exitoso, la falta de un cambio en la política en el corto plazo sugiere una continua vulnerabilidad". RBS pronosticó que la inflación puede rondar el 28% anual y advirtió que "para 2010 y 2011 se espera un mayor deterioro del superávit y el Gobierno posiblemente dependerá aún más de las ganancias contables del Banco Central, que son equivalentes a financiar el déficit con emisión monetaria". Desde la consultora Eurasia, el analista Daniel Kerner subrayó con preocupación los cambios en la conducción del BCRA, porque "relajarán más la restricción presupuestaria oficial, permitiendo que el gasto siga creciendo en niveles altos". Un informe de Eurasia subraya que, tras alcanzar un aumento del 30% en 2009, el gasto seguirá en alza este año, lo que "contribuirá a una mayor inflación". Tras la salida de Martín Redrado del BCRA, según Kerner, "la política económica se volverá más errática e impredecible". Para Eurasia, el Gobierno esperará hasta tener un aval -judicial o político- respecto del Fondo del Bicentenario antes de avanzar con el canje. En tanto, en Buenos Aires un informe del estudio Bein & Asociados indicó que "el apuro por constituir el fondo y los modos poco prolijos terminaron generando más costos que beneficios en el corto plazo". La brecha por cubrir sería de US$ 8400 millones en 2011, "un monto que no parece factible financiar en los mercados para un país sin acceso fluido al crédito (aun cuando se lleve a cabo el canje a los holdouts ) y menos en un mundo en el que los spreads de la deuda emergente empezarán a subir", según el informe. Con este panorama, un calificado analista de un importante banco de Wall Street dijo que "es posible que el canje avance más tarde que temprano, pero lo que perturba a los inversores es el mayor deterioro político del Gobierno". El analista, que pidió anonimato, consideró que, dadas las dudas en torno del uso de las reservas, "al Gobierno no le queda otra que volver al mercado". Y afirmó que la baja de tasas que reclama Boudou depende de las señales que genere el Gobierno para fomentar la inversión, tal como lo reconoció el propio ministro anteayer. Mientras que el ministro Amado Boudou y el secretario de Finanzas Hernán Lorenzino se reunieron ayer para tratar de completar los trámites regulatorios del canje, en el mercado se multiplican las dudas sobre la voluntad de los Kirchner de volver al mercado. "El canje se hace porque así lo quieren las dos partes", indicaron desde el Palacio de Hacienda a LA NACION, mientras ratificaban lo que dijo Boudou anteayer: si no se puede bajar la tasa de interés a un dígito (el Boden 2015 rinde cerca del 14%), no habrá emisión de "dinero fresco". "No vamos a endeudarnos al 14%, tenemos otras fuentes intrasector público: la Anses, el Banco Nación y esta nueva herramienta que es el Fondo del Bicentenario", dijo Boudou ayer en declaraciones televisivas. Más confiados, los bancos organizadores de la operación afirmaron que los grandes fondos de inversión aportarán sin problema ese dinero. "Se puede hacer la transacción con dinero fresco pagándoles a los inversores a 50 o que vale en el mercado 40, a cambio de que aporten un nuevo bono a una tasa cercana al 10 por ciento", confesó el ejecutivo. Pero otros analistas creen que los Kirchner apostarán a todo o nada al uso de las reservas.
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