Por Gustavo Ybarra - La presidenta Cristina Kirchner redobló la apuesta ayer y tras anunciar ante la Asamblea Legislativa que derogaba el DNU 2010/09, que creó el polémico Fondo del Bicentenario, comunicó la firma de dos nuevos decretos, uno simple y otro de necesidad y urgencia, por los cuales dispuso de US$ 6500 millones de reservas de libre disponibilidad del Banco Central (BCRA) para el pago de deuda con los organismos multilaterales y con los tenedores de títulos. El anuncio provocó escozor y descolocó a una oposición que ayer mismo había comenzado a tomar medidas destinadas a tratar de detener una jugada que el Gobierno, alertado por el fiasco del DNU anterior, puso en práctica apenas unas horas después del discurso de la jefa del Estado en el Congreso. La gambeta utilizada por el Poder Ejecutivo para hacerse de los fondos del BCRA fue el campanazo final del discurso sobre el Estado de la Nación con el que la Presidenta dejó inaugurado ayer el 128° período de sesiones ordinarias del Congreso. Además de asegurarle los fondos que tanto anhelaba, el paquete de medidas anunciado por Cristina Kirchner contempla la creación de una comisión bicameral destinada a seguir y controlar cada uno de los pagos que se realizarán este año. La resolución es, como mínimo, inédita y avasalla los reglamentos de ambas cámaras parlamentarias, que son las únicas habilitadas para crear ese tipo de comisiones por resolución o por ley. La de ayer fue una Asamblea Legislativa cargada de una palpable alta tensión política como no se tiene memoria, ante la cual la jefa del Estado desgranó un discurso de fuerte tono autorreferencial, decididamente maniqueo y polarizado entre los logros de su gestión -todos los datos que ofreció incluyeron el mandato de Néstor Kirchner- y una heterogénea oposición, compuesta por políticos, empresarios y medios de comunicación, que niega esos avances. Es que según Cristina Kirchner en la Argentina existen dos países. Uno es "el país real", en el que "se batieron récords" de producción y crecimiento, con disminución del desempleo y de la pobreza y en el que la inflación no mereció ni una mención en 96 minutos de discurso, y el otro, "virtual y mediático, en donde suceden cosas horribles, en donde nada está bien, en donde todo está mal". Ese fue el eje central de las palabras de una presidenta visiblemente nerviosa por tener que enfrentar, por primera vez desde que el apellido Kirchner llegó al poder, un Congreso controlado por la oposición. Ese nerviosismo se pudo apreciar desde el momento en el que ingresó en el recinto de la Cámara de Diputados y devolvió los aplausos y la marcha peronista que le dedicaron desde unos palcos estratégicamente poblados por militantes kirchneristas llevándose el puño derecho al corazón para después extender el brazo con los dedos en V. Además de los decretos para vencer la resistencia parlamentaria al uso de las reservas del BCRA, la Presidenta dejó flotando un elíptico anuncio sobre la necesidad de una "profunda reforma" en la Justicia. Esta mención sonó a una velada amenaza hacia un Poder Judicial que se mostró reacio a permitirle hacerse de los fondos del BCRA y al que acusó de ser permeable a los intereses del "resto de las fuerzas políticas", con lo cual excluyó al oficialismo, y de los "poderes económicos concentrados". "Necesitamos jueces que fallen no de acuerdo con la tapa de Clarín , sino con la del Código Civil y con la del Código Penal", dijo antes de denunciar que hay magistrados que liberan detenidos "porque están tabulados los precios de excarcelaciones o eximiciones de prisión", lo que permite, afirmó, que "los presos entren por una puerta y salgan por la otra".
Campo y oposición Siempre haciendo hincapié en la existencia de esos dos países diametralmente opuestos, la jefa del Estado también dedicó párrafos para los productores agropecuarios y, en tono admonitorio y escolar, a la dirigencia política opositora. A esta última le advirtió que "hay otra Argentina mediática a la que no le interesan los partidos políticos fuertes", porque así "es mucho más fácil torcerles la mano" a sus dirigentes. Sin embargo, minutos antes les había enrostrado una dura y amarga queja por sus críticas, al afirmar que "si el aire se cobrara y cada uno que hablara arriesgara pronósticos o formulara políticas tuviera que pagar por utilizar esa porción de oxígeno, se dirían muchas menos tonterías en la República Argentina". En el final del discurso, Cristina Kirchner se declaró apasionada por el debate, algo que llamó la atención teniendo en cuenta que acababa de anunciar, el mismo día que inauguraba las sesiones ordinarias del Congreso, una medida que elude la discusión parlamentaria del arreglo de la deuda, algo reclamado por toda la oposición.
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