Dolor de muelas. Problemas particulares. Un viaje. La visita de un jefe. Silencio como respuesta. Varios compromisos coincidieron ayer, como pocas veces, para que la ministra de Industria y Turismo, Débora Giorgi, visitara la Unión Industrial Argentina (UIA) en la reunión de junta directiva y se encontrara con ausencias empresariales notorias. Algunos no pudieron. Otros no quisieron estar. Los vicepresidentes Luis Betnaza, Federico Nicholson, Adrián Kaufmann Brea y Guillermo Moretti, el secretario José Ignacio de Mendiguren y el vocal Juan Carlos Lascurain, entre otros, faltaron a la convocatoria que involucraba a Giorgi y a sus colaboradores. Mendiguren la llamó en persona para explicarle que, a la misma hora, tenía turno con el dentista. Betnaza recibía en el país a su jefe, Paolo Rocca, y fue reemplazado por David Uriburu, director de Techint y miembro de la junta de la entidad. Nicholson, uno de los que había acordado con ella la reunión el viernes pasado, estaba ayer en San Pablo. Otros adujeron razones personales o estaban anoche inubicables para este diario. Los que sí estuvieron definieron el encuentro como "cordial y distendido". Entre otros, el presidente Héctor Méndez, que se acercó a la puerta a recibir a la invitada; los vicepresidentes Miguel Acevedo, Cristiano Rattazzi, Daniel Funes de Rioja y Carlos Garrera, y los industriales Rodolfo Achile, Carlos Sellaro, José Luis Basso, Jorge Sorabilla, Manfredo Arheit, Guillermo Padilla, José Luis Coll y José Urtubey. Sin discusiones irritantes, el buen ambiente se plasmó, a la hora de las presentaciones electrónicas, en coincidencias sobre el futuro: ambas partes esperan un crecimiento fabril de entre el 5 y el 7% para este año. Por la UIA expusieron Méndez y Martín Echegoyen. Por el Ministerio, la propia Giorgi y el secretario de Industria, Eduardo Bianchi. ¿Y si iba De Vido? En realidad, Giorgi no debería sorprenderse por los asientos vacíos: quedó presa de otra interna de la entidad para la que trabajó durante varios años. Si el anfitrión hubiera sido De Vido, ¿habrían estado todos?, le preguntó La Nacion ayer a cuatro de los invitados, presentes o ausentes. Respuesta unívoca y descarnada: probablemente sí. "Es una mezcla de cosas", contestó, enigmático, uno de los que no fue. Algunos se quejaban anoche, por ejemplo, de haber recibido la invitación demasiado tarde: Méndez, contaban, acordó el viernes el encuentro con la ministra, pero invitó ayer, a través de un correo electrónico enviado a todos sus pares, a las cinco de la tarde. El texto decía que, por la visita de Giorgi, se cambiaba la orden del día para la reunión de junta directiva. La UIA ha vuelto a ser un revuelo. Anteanoche, todos los integrantes de Celeste y Blanca, la corriente interna fabril de posición más liberal, estaban invitados a una reunión en la casa de Mendiguren para discutir una estrategia sobre la actual situación política. Sólo fue Méndez. "Yo tenía una comida", se excusó uno de los ausentes. La semana pasada, algunos dirigentes impulsaban un documento conjunto con el sector agropecuario y una reunión para el 17 de este mes con la Mesa de Enlace. La iniciativa trascendió a los diarios. ¿Es cierto eso?, le preguntó ayer a Méndez Carlos Garrera, de la Federación de Industriales de Santa Fe, uno de los hombres que cuestionan el acercamiento con Hugo Biolcati, presidente de la Rural. El empresario del plástico lo tranquilizó con una respuesta que provocará inquietud en el agro: Nunca se trató ese tema, fue una operación de prensa, transmitió. Garrera lo contó después entre sus pares. ¿Eran todos motivos suficientes para despreciar la visita de Giorgi? Existen también razones más personales. Algunos de los industriales que han estado en los últimos años más cerca de la ministra ya no le tienen la misma estima. Más de uno, razonan dentro de la entidad, esperaba una política cambiaria más flexible de quien era considerada, hasta hace poco, como "defensora de la producción". La economista buscó ayer mostrarse como tal ante empresarios que le transmitieron preocupación por la falta de financiamiento, las negociaciones salariales, la ley de riesgos de trabajo y los programas de inversión para pequeñas y medianas empresas. "Este es un gobierno que quiere a la industria, el valor agregado y la generación de empleo industrial", dijo la ministra, según consignó, tras el encuentro, el comunicado difundido por su cartera. No alcanzó para revertir cierto desdén de parte de varios presentes. Mientras el comunicado oficial de la UIA indicaba en su primer párrafo que la funcionaria había ido a la sede fabril "en respuesta a una invitación del presidente de la Unión Industrial", algunos dirigentes relataron la historia al revés: "Lo pidió ella y nosotros, como tenía ganas de venir, la invitamos. La verdad es ésa". |