El documento sobre la pobreza que la Iglesia pretendía acordar con distintos sectores sociales se frustró por las internas existentes en las organizaciones empresariales y sindicales, según advirtió ayer el obispo de San Isidro y presidente de la Comisión de Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto. Dijo: "El documento no se pudo terminar de consensuar por el alto porcentaje de fragmentación que hay en la Argentina", y ante el escenario dividido, anunció que la Iglesia suspendió la presentación del documento, que estaba prevista para el miércoles próximo en el Episcopado, aunque el propio obispo dejó trascender el texto. Casaretto se refirió principalmente a las disidencias internas en las cámaras empresariales -la Unión Industrial Argentina (UIA), la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba), entre otras-, que impidieron avanzar en acuerdos, pese a que en una primera instancia las propias entidades habían dado su visto bueno, a través de los representantes que mantienen en el foro multisectorial que elaboró el documento. Casaretto admitió, además, que la Iglesia tuvo "cierta ingenuidad" al pensar que "se podía avanzar más rápidamente" en la búsqueda de consensos para erradicar el drama de la pobreza, a la que el texto define como "una emergencia nacional". Asimismo, mientras el obispo estimó que el índice de la pobreza "podría haber empezado a bajar, con el plan de asignación universal a la niñez, luego del pico registrado en 2009", el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) advirtió que más del 30% de la población está bajo la línea de pobreza y que hay un 12% de indigentes. Los puntos más ríspidos del frustrado documento, cuyo título es "La pobreza, un problema de todos", fueron las referencias al modelo económico y a la vinculación entre la inflación y las políticas de ajuste. El texto, de cuatro carillas y media, señala al respecto que las situaciones de pobreza e inequidad, que constituyen un problema estructural y de larga data, son "el resultado de un modelo económico que no realiza una distribución equitativa de la riqueza". Y propone, entre otras ideas, "controlar la inflación, que tanto daño hace en particular a los sectores más pobres, sin caer en las políticas de ajustes, que han demostrado un gran fracaso y la fractura social". El documento fue elaborado en el seno del foro "De habitantes a ciudadanos", constituido por la Comisión de Justicia y Paz, un organismo del Episcopado integrado por laicos, cuyo asesor nacional es monseñor Casaretto. Para abordar el tema de la pobreza, el foro encargó aportes iniciales a los economistas Ernesto Kritz y Juan Llach; al licenciado Daniel Arroyo, ex ministro de Desarrollo Social bonaerense, y a Agustín Salvia, director del Barómetro de la Deuda Social de la UCA. Sobre esa base, los representantes de las 20 organizaciones que componen el foro analizaron y completaron el documento, que terminó de elaborar en reuniones semanales un equipo coordinador, conducido por Eduardo Serantes, presidente de Justicia y Paz y hombre de Casaretto . Las propias organizaciones sugirieron modificaciones, como la supresión de la referencia a un "Plan Marshall para rescatar a los jóvenes que están fuera del mercado". Tras un reclamo de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), se cambió la denominación por un "plan de recuperación y reinserción integral". Sin ánimo de confrontar "Nunca hubo intención alguna de confrontar con el Gobierno", dijo el obispo Casaretto, quien hace unos meses adelantó a funcionarios y dirigentes kirchneristas que la Iglesia iba a encarar la búsqueda de acuerdos entre distintas organizaciones sociales para fortalecer la conciencia en torno al problema de la pobreza. Lo hizo en reuniones con el diputado Carlos Kunkel y el secretario de Culto, Guillermo Oliveri. También hubo reuniones de Cáritas y de la Comisión de Justicia y Paz con los ministros del Interior, Florencio Randazzo, y de Desarrollo Social, Alicia Kirchner. "El Gobierno estaba al tanto de la preparación del documento y veía bien que la sociedad civil se preocupara por la pobreza. Nunca recibimos presiones", dijo el obispo. Confirmó, además, que el lunes de la Semana Santa -hace diez días- se reunió en un almuerzo con el presidente de la UIA, Héctor Méndez, quien juzgó positivo el documento, aunque el empresario le adelantó: "Habrá que ver qué pasa en nuestras comisiones". También habló por teléfono con el presidente de Adeba, Jorge Brito, quien le transmitió una inquietud similar. Con una crítica a los empresarios, Casaretto dijo que "la fragmentación está muy viva dentro de las organizaciones". Y añadió: "Pensábamos que íbamos a avanzar en los acuerdos para luchar contra la pobreza. Pero no contamos finalmente con el aval de todos, por lo que se detiene el proceso de aprobación del documento". Sin embargo, más allá del fracaso del acuerdo, el obispo evaluó como "muy positivo que la pobreza se instale como el problema más urgente para el Bicentenario. Es una prioridad". Si bien no habrá una presentación oficial, el documento circulará en la sociedad civil, dijo Casaretto. "Habrá que limarlo. Pero tiene que pasar a la gente y llegar a la calle", señaló el obispo de San Isidro. |