Por Horacio Riggi - El inminente canje de la deuda argentina mantiene eufóricos por estos días a una lista interminable de interesados. Dicha nómina está encabezada por el Gobierno de Cristina Fernández, seguida de cerca por los gobernadores, intendentes, bancos, empresas y fondos buitres. En menor medida, pero también a la espera del resultado, se encuentran los principales damnificados por el default: los bonistas minoritarios que aún mantienen los papeles impagos.
El caso del oficialismo tiene dos lecturas. Una nada menor: retomar al mercado internacional. Hay que recordar que el ex presidente Néstor Kirchner repitió varias veces durante su gestión que el país estaba en el infierno a pesar de la recuperación de una economía que había partido desde muy abajo, pero que crecía a ritmo acelerado. Pero una cosa es salir del infierno porque los números están más acomodados, y otra muy diferente es dejar de “vivir con lo nuestro” porque el superávit se escurre y no queda otra que recurrir a los mercados para financiar el déficit. En este barco están el gobierno nacional, los gobernadores y también los municipios.
Del lado empresario, y siguiendo los pasos del Gobierno no están sólo las grandes firmas. Las mismas compañías que reclaman créditos y que acusan al oficialismo de demorar mucho la reapertura del canje ahora ven que es el momento de “hacer una diferencia”. En los bancos la situación es más que un rumor. Según la versión de la city, las empresas están en lista de espera y ansiosas de que finalmente el canje sea un éxito. Como el mercado ya descuenta que el resultado será satisfactorio, entre otras cosas porque los bancos tienen en sus carteras gran parte de los bonos defaulteados que serán canjeados, el sector corporativos cree que podrá emitir deuda a fines del primer semestre a una tasa que se mueva entre el 8% y 11%, todos números que se consideran ventajosos, dadas las actuales circunstancias.
Los banqueros describen la situación de la siguiente manera: “las empresas hoy toman todo lo posible, en pesos, a tasa fija y al mayor tiempo posible”. El total de créditos otorgados actualmente en pesos por el sistema financiero alcanza los $ 126.502 millones. De esa cifra, $ 40.612 millones corresponden a créditos corporativos que en promedio pagan tasas, que van desde del 12% al 18% en pesos según la empresa. La mejor oferta del mercado para las Pymes es una tasa del 13% del Banco Nación, y una de 14,9% que ofrece un banco privado pero que se eleva a 15,96% cuando se contabiliza el costo financiero total.
El plan de las empresas entonces es primero endeudarse en pesos y luego, emitir deuda en dólares cuando se realice el canje. La ecuación radica en que una vez que la Argentina tenga liberado el mercado externo, los inversores internacionales no sólo estarán dispuestos a colocar dinero en bonos del Estado. Ante este esquema, tomando créditos en pesos y a tasa fija y emitiendo bonos en moneda extranjera, las empresas se aseguran una suerte de bicicleta financiera. Es que los inversores harán ingresar dólares para poder comprar los bonos corporativos situación que colaborará para mantener a raya al tipo de cambio en un país con inflación. El resultado parece óptimo, para las empresas, claro. |