Recientemente las autoridades chinas dieron a conocer las cifras preliminares del producto bruto correspondientes al primer trimestre, las cuales arrojaron un incremento anualizado del 11,9%.
Esta formidable expansión habla bien a las claras de que la recuperación de la economía, iniciada a comienzos del 2009, ya se ha convertido en un sendero de crecimiento sostenido. Este escenario ha sido consecuencia de las correctas políticas anticíclicas implementadas desde el inicio de la crisis, entre las cuales ha sido de fundamental importancia la fuerte expansión crediticia (que registró un 30% anual).
Sin embargo, debe aclararse que esta economía no transita por un camino de rosas. En efecto, como era de esperar, las agresivas políticas de estímulo puestas en marcha han comenzado a generar un claro recalentamiento, que se ha traducido en incrementos de las presiones inflacionarias; sumadas a un mercado inmobiliario próximo a la burbuja, con crecimientos anuales de precios superiores al 15%.
Consciente de esta situación, el Banco Popular de China (BPCh) ha fijado como política el compatibilizar el crecimiento con la estabilidad de precios; para ello, desde comienzos del corriente año, ha comenzado gradualmente a tomar medidas enfocadas al “enfriamiento”: suba de encajes bancarios y fuerte restricción a la oferta de nuevos préstamos, entre otra disposiciones.
La pregunta clave ahora apunta a si estas decisiones resultarán suficiente para mantener un equilibrio. La respuesta: claramente no alcanzarán. Las mismas autoridades gubernamentales han reconocido que continuarán con “el endurecimiento de sus políticas, de manera de reducir la inflación a niveles no mayores al 4%, con el claro objetivo de que la misma no interrumpa el actual ciclo expansivo”. En esta línea, el nuevo interrogante que surge es: ¿cuáles serán los próximos pasos para “enfriar” el nivel de actividad? A este respecto, es necesario mencionar que aún quedan sin utilizar dos herramientas claves: la tasa de interés de referencia (actualmente en sus niveles mínimos históricos de 5,31%) y el tipo de cambio (fijo en el valor de 6,83 yuan/dólar, desde el mes de julio de 2008).
En nuestra opinión, a partir de ahora, comenzará un gradual proceso de suba de tasas y revaluación del yuan. Esta última medida ha sido largamente reclamada por el G20 y el FMI, argumentando –con razón– que la actual subvaluación de la moneda china ha generado una competencia desleal de sus exportaciones, provocando grandes déficits comerciales en sus contrapartes. Análisis efectuados por organismos internacionales, estiman que la revaluación del yuan no debiera ser menor a un 20%; lo cual llevaría la paridad a un valor de 5,50.
De esta manera, se desprenden las siguientes conclusiones: la necesidad de evitar el recalentamiento de la economía del gigante oriental y de abatir las presiones inflacionarias, inducirá en el corto plazo al BPCh a elevar su tasa de interés y a revaluar su moneda. Esta “flexibilización” de su tipo de cambio no sólo evitaría nuevos roces políticos –especialmente con Estados Unidos– sino que además, y muy especialmente, contribuiría en grado sumo a disminuir los desbalances externos de las economías avanzadas; con todo lo que ello implicaría de positivo para consolidar la actual recuperación global.
Luis Palma Cané, Economista |