Por ESTEBAN RAFELE - El Fondo Monetario Internacional (FMI) pidió ayer al gobierno argentino que permita la auditoría contemplada en su carta orgánica y provocó una dura respuesta del ministro de Economía, Amado Boudou, que rechazó cualquier “condicionamiento”, a horas de la asamblea de primavera del organismo y el Banco Mundial (BM).
“El Gobierno de Argentina ha dejado claro que está en un proceso de normalización total de sus relaciones con los mercados internacionales de capitales y, por supuesto, para tomar su lugar como miembro del G-20 cumpliendo todas sus obligaciones internacionales”, dijo a la prensa el subdirector gerente del FMI, John Lipsky, numero dos en la escala de autoridades del organismo.
Entre sus “obligaciones” como miembro del grupo de los veinte países industrializados, la Argentina debe permitir al Fondo realizar la revisión de la economía contemplada en el Artículo IV de sus estatutos y que el kirchnerismo impide desde que se desembarazó de la deuda con el organismo, a comienzos de 2006. Lipsky recordó que esa auditoría es “una parte básica” de la relación de los países con el FMI. “Esperamos que en un período de tiempo razonable podamos acordar la fecha” para auditar, una vez que se resuelvan “algunos asuntos técnicos”, prosiguió.
Sus palabras cayeron pésimo en el Gobierno, que recibió con amargura las críticas a las estadísticas de inflación y crecimiento del Indec que, un día antes, había hecho el Fondo. Y provocaron una encendida respuesta de Boudou desde Washington, a donde llegó ayer para participar del encuentro del FMI y y el BM y de una reunión de ministros de países miembros del G–20.
“No vinimos aquí a buscar una revisión del Artículo IV, ni está en la agenda de nuestro viaje”, dijo Boudou a la prensa. Consideró que, para que eso ocurra, el FMI “debe recomponer su credibilidad y legitimidad”, reclamó cambios en su staff y remató: “El articulo cuarto, en el actual contexto, de la relación de los últimos 30 años, se convierte en un problema porque este gobierno no va a aceptar ningún cuestionamiento de política económica”.
La disputa con el Fondo, inevitablemente, se vinculará a la discusión que quiere iniciar la Argentina con los países miembros del Club de París para renegociar la deuda que permanece en default por unos u$s 6.500 millones, tal como anunció Boudou.
El ministro y los funcionarios que lo acompañan (los secretarios de Política Económica, Roberto Feletti, y Finanzas, Amado Boudou) pusieron al tope de la agenda oficial la promoción del canje de deuda. Pero fuentes oficiales contaron que sondearán a los ministros del G-20 para que este grupo reemplace al FMI en el papel de “garante” que exige el Club de París para convenir un plan de pagos.
Sin embargo, como recordó Lipsky, la Argentina es el único país del G-20 que no permite al Fondo revisar sus cuentas. Y los países más influyentes del grupo –que, además, conforman el G7 y son miembros clave del directorio del Fondo– no muestran simpatía alguna hacia esa intransigencia.
En ese contexto, el margen de negociación parece muy poco. Boudou volvió a rescatar el papel del director gerente del FMI, Dominique Strauss–Kahn, aunque pidió “cambios en el staff y diversidad de opiniones”. Reclamó que el FMI y el Banco Mundial trabajen en un aumento de capital “que no signifique que los que más puedan poner terminen quedándose con la voz y la representatividad”. |