Por paula lópez y fernando alonso - La tendencia al alza del dólar en los mercados internacionales, generada por la depreciación del euro a partir del temor a un contagio de la crisis griega que ponga en riesgo la moneda única europea, provocó la mayor caída en cinco semanas en la cotización internacional de la soja, principal fuente de ingresos de divisas al país.
De mantenerse la presión bajista originará una caída en los ingresos al Fisco por el menor pago de retenciones y una caída en el ingreso de dólares del comercio exterior, poniendo presión a la administración de Cristina Fernández sobre el ritmo de aumento del gasto público y la política de apreciación cambiaria utilizada como anclaje contra la inflación.
Ayer, el contrato más activo de la soja cerró en Chicago a u$s 350 la tonelada, con una caída de 2,5% en el mercado de Chicago. En la rueda nocturna, la tendencia a la baja se profundizaba: los futuros a julio caían otro 1,4% hasta u$s 345 la tonelada, con los fondos especulativos liquidando posiciones ante la perspectiva de que la fortaleza del dólar le restará competitividad a la soja estadounidense principalmente frente a la brasileña, que junto a la Argentina tendrán este año cosechas récord de la oleaginosa.
Los operadores están preocupados por el impacto que la crisis europea tendrá en la economía global y sobre todo China, el mayor comprador mundial de materias primas. Si el gigante asiático siente el golpe y reduce su demanda de commodities, con las cosechas récord en Brasil y la Argentina, los precios de la soja podrían desplomarse por debajo de u$s 330 la tonelada.
Ayer, el mercado local de granos no fue ajeno a los temores que invaden el mundo bursátil y de las materias primas. En la Bolsa de Rosario se escucharon ofertas por soja disponible a $ 870 la tonelada, un precio al que los productores argentinos no se deciden a vender. Y sobre el fin de la rueda, los ofertas fueron incluso inferiores. Solo se concretaron operaciones por 5.000 toneladas, destinadas a las fábricas, que procesan el poroto para hacer harina y aceite, donde los valores son todavía competitivos, pese a que se cayeron las exportaciones a China. Recién por encima de los $ 900 la tonelada los agricultores salen a liquidar la cosecha, mientras tanto optan por los silobolsas para almacener y esperar mejores precios.
Si las tendencias al fortalecimiento del dólar se mantiene y al derrumbe de los precios de los commodities se agudizan, el Gobierno deberá repensar la política cambiaria, sin descuidar la inflación. Seguramente, volverán a escucharse los reclamos por una mayor devaluación, como el que hizo hace apenas algunas semanas el presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, cuando reclamó un dólar a $ 4,40, para incentivar a la venta de la producción y la liquidación de divisas. También habrá voces en favor de achicar el gasto público.
Antes del actual escenario de incertidumbre, la reactivación de la economía global había logrado lo impensado. Aun frente a cosechas récord en América del Sur (con más de 130 millones de toneladas para vender), la soja en Chicago ganara 6,5% en abril.
En ese marco, la coyuntura sonreía a la Argentina. Con una producción total estimada en 55 millones de toneladas, y un valor equilibrio de u$s 350, los cálculos más conservadores hablaban de ingresos de dividas de por lo menos u$s 19.000 millones, lo que le dejaba al Fisco u$s 6.720 millones vía retenciones del 35%.
Con una soja a u$s 330, los ingresos podrían caer unos u$s 850 millones y el Fisco recibiría u$s 367 millones menos de derechos de exportación.
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