Por LEANDRO GABIN - El terremoto financiero despertó dudas con el canje de deuda. Descartada de plano la emisión del nuevo bono, el interrogante que circula es cuánto impacta el descalabro en las bolsas. La idea predominante es que a pesar de todo, la debacle no hará que el Gobierno termine pateando el tablero. Se cree que la caída en los precios del Discount, el cupón PBI y el Bonar 17, deprimió el valor de la oferta argentina en u$s 7 desde que se anunciaron los términos de la transacción (el 15 de abril). Pero como los grandes inversores compraron títulos ilíquidos en la plaza a 15% o 20% de su valor nominal, (ergo, ingresarán), Amado Boudou podrá contar con un nivel de aceptación del 60% como había planteado. “Creemos que el canje de deuda no estará en peligro por la reciente caída de los bonos. El Gobierno no tiene incentivo de frenar la operación porque ya pagó el costo político interno de promocionarla, y porque los cupones de los nuevos bonos (Discount, Par y Global) no internalizaron los rendimientos más altos que muestra hoy el mercado”, dice Vladimir Werning, economista jefe para mercados emergentes del JPMorgan. La entidad, la misma que elabora el famoso “riesgo país”, acota que la reciente ola de venta de bonos argentinos no puede atribuirse tan sólo a la crisis griega. Afirman que la toma de ganancias corrió por cuenta de los hedge funds (fondos especulativos) ante el anuncio de la operación. Algo habitual mientras esperan que se conozcan más noticias sobre el nivel de adhesión.
Bajo el título de “El (road)show debe continuar”, JPMorgan sostiene que la falta de fondos frescos en la operación no debería frenar el deal. “Con los rendimientos del Bonar 17 subiendo a 13% y el new money priceando alrededor de 60 puntos menos que los bonos locales, el riesgo de la reciente crisis en los mercados amenaza la viabilidad del nuevo financiamiento para la Argentina”, señala Werning. Con respecto a lo que adelantó este diario hace dos semanas, o sea la cláusula que permite al Gobierno frenar el canje si no consigue los u$s 1.000 millones, la entidad cree que a pesar de que no puedan acceder a los mercados, Argentina no perderá el interés en el canje. La razón es que “el país no está atado al acceso a los mercados para alcanzar su estrategia financiera, más aún después de que el Senado votó positivamente usar las reservas del Banco Central por parte del Tesoro”. “Creemos que la Argentina no tiene intenciones de usar esa opción (la de dejar caer el canje si no hay new money). Vemos que incluir eso es un mecanismo para presionar al grupo de inversores que se habían comprometido a proveer nuevo financiamiento con el canje”, explica Werning.
La entidad también habla de un dato importante hacia adelante. Que la emisión de nueva deuda no impactará demasiado en el EMBIG (índice de mercados emergentes) luego de la operación. Si bien históricamente los nuevos títulos muestran fuertes subas luego de las reestructuraciones, algunas de las condiciones ya fueron descontadas en el caso local. Por ejemplo, el rebalanceo de carteras que tienen que hacer los inversores cuando un país aumenta su ponderación en el índice. En este caso será limitado porque el 70% de la deuda elegible está denominada en euros (y una parte significativa que es en dólares está en litigios, o sea no aceptará la oferta). Solo la emisión en dólares aumenta el peso del país en el índice. Algo que no plantea el JPMorgan es que pasará con el Global. Si el Gobierno no consigue que el mercado le fije el precio (porque no logra colocarlo), entonces el valor será dado por Boudou. Obvio, a un precio artificialmente mayor. Eso hará que inmediatamente después los inversores salgan rápidamente a vender este título.
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