Por IGNACIO MIRI - Madrid Enviado especial - El Mercosur y la Unión Europea se comprometieron a reanudar las negociaciones para establecer un acuerdo de libre comercio. Lo dijo ayer José Luis Rodríguez Zapatero. Luego de seis años de paralización, los dos bloques relanzaron esas conversaciones. Lo dijo ayer Cristina Kirchner. Fue casi una coincidencia exacta de vocabularios, pero eso no es todo. Los dos presidentes se ocuparon también de mencionar una y otra vez las trabas que todavía falta derribar para crear lo que llamaron el mayor entendimiento comercial del mundo.
La Presidenta y su colega español mostraron sus diferencias ayer parados a un metro de distancia en una sala de conferencias montada con paneles de utilería, telas y alambres dentro de un inmenso galpón del centro IFEMA, un complejo dedicado a las exposiciones en las afueras de Madrid que alberga a los jefes de Estado que llegaron a España para participar de la VI Cumbre Unión Europea-América latina y el Caribe. Les tocó a la Presidenta y a su colega español hablar en nombre de los bloques continentales porque los dos ocupan las presidencias pro témpore de esos organismos, y estuvieron secundados por el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.
La Presidenta fue la última en hablar de los cuatro. Agradeció la hospitalidad española, dio la ‘buena noticia’ del relanzamiento de las negociaciones y detalló los reparos que tiene el Mercosur y que serán los mismos planteos que llevarán a la primera reunión técnica para tratar el acuerdo, que se realizará en julio. “Es necesario que el acuerdo constituya una verdadera asociación. Esto significa dejar de verse como clientes, para pasar a verse como socios. Todos tienen que obtener algún beneficio para que la negociación sea compatible y no se convierta en algo gravoso para alguna de las economías”, dijo. Se refería a la necesidad de proteger el “incipiente desarrollo industrial” de América latina “que ha generado millones de puestos de trabajo”.
La Presidenta también cargó contra la protección del sector agrícola que impone Europa. “Algunos se creen que el proteccionismo se encuentra sólo en el ingreso a las aduanas, y esto no es así. Proteccionismo, por ejemplo, es subsidiar producciones, dar promociones fiscales, beneficios a las exportaciones: hay muchísismas formas de proteccionismo y todas deben ser examinadas con el mismo criterio”, protestó Cristina, ante la mirada incómoda de Zapatero.
El español respondió diciendo que los grandes beneficiados con el acuerdo serían los países americanos. Dio estimaciones. Según sostuvo, si se libera totalmente el intercambio, Paraguay podría ver crecer su PBI un 10 %, Uruguay con 2,1 % y Brasil con 1,5 %. Argentina será la menos beneficiada del bloque, según sus cuentas. Su economía crecerá un 0,5 % con el cambio. De todos modos, para Zapatero la Unión Europea recibiría la peor parte en términos porcentuales: habrá una mejora conjunta del 0,1 % del PBI.
Antes de verse las caras, latinoamericanos y europeos compartían una presunción. Ninguno tenía grandes esperanzas puestas en lo que pudiera ocurrir en la Cumbre UE–Mercosur en términos prácticos. Aparte de las diferencias comerciales que quedaron expuestas ayer y que no variaron en los últimos años, sucede que por estos días los europeos no logran hablar de otra cuestión que la crisis. “En las reuniones quedó claro que en Europa tiene un muy importante desnivel entre la integración monetaria expresada en el euro, que es muy alta, y la integración económica y política, que es mucho menor”, reveló un diplomático que participó de las negociaciones. “Ahora tienen problemas entre ellos. Los alemanes, por ejemplo, están enojados porque sus trabajadores se jubilan a los 67 años y los griegos a los 53. Y los que tienen que poner plata son los alemanes”, dijo ese mismo funcionario.
Eso explica la sonrisa que mantiene la Presidencia desde que llegó a Madrid: está contenta por la prosperidad relativa de la Argentina, podría decirse. La crisis europea dejó a los países de América latina casi convertidos en ejemplos de economías ordenadas. “Siempre el problema éramos nosotros”, se congratuló uno de los ministros que acompaña a Cristina.
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