Como siempre, hay dos equipos. Están los fundamentalistas, este grupo de señores con nombre a tropa cumbiantera, que prioriza los números macroeconómicos que hay detrás de un activo –balance– o moneda antes que el dibujo que haya hecho ese precio en el mercado. Del otro lado, están los que le ponen un precio al activo en función de su “track record”, en criollo, el caminito que haya hecho (en el gráfico). Los primeros no tienen memoria; los segundos, sí.
En esta especie de naufragio que es la caída del euro –por ahora sin piso–, hay pronósticos para todos los gustos. En una sola cosa coinciden: todos, absolutamente todos los pronósticos son en valores más bajos que los actuales. Suena a película de terror, a catacumbas, a túnel subfluvial, a uña enterrada en la maceta del balcón. Y puede que así sea.
La divisa que comparten 16 países europeos se ha depreciado con fuerza en los últimos meses frente al dólar, a medida que aumentaba la inquietud en torno a la deuda de Grecia y a los elevados déficit públicos de otros países del sur de Europa.
A su vez, esas medidas han generado inquietud en torno al efecto negativo que podrían tener en las perspectivas de crecimiento en la eurozona, lo que ha llevado a los inversores a optar en numerosas ocasiones por valores que consideran más seguros, como el dólar.
Ayer el euro tocó un mínimo de cuatro años, en u$s 1,2162. Después recuperó terreno. Sin embargo, y en plena caída, es muy probable que hoy se tenga la primera de las pruebas de fuego sobre el nivel de 1,20 que han promocionado los fanáticos del sistema decimal. Es una “barrera psicológica” dicen algunos reportes. “Ahí debería detenerse”.
Sin embargo hay más –y hacia abajo–: “Hay pocas razones para esperar el final de la caída libre del euro”, escribió en un nota para clientes un equipo de analistas de Commerzbank encabezados por Ulrich Leuchtmann. “Se está volviendo cada vez más claro que la consolidación fiscal solo será obtenible al costo de una recesión enorme”.
En tanto los analistas técnicos del banco ven zonas potenciales de apoyo para la moneda. En u$s 1,18 hay quienes ven señales claras como estación para el próximo mes. Este nivel es el que tenía el euro en enero de 1999 y uno de los niveles que “defendió” entre 2004 y 2005. Es un valor de referencia para buena parte del mercado, incluso para el Sumitomo Mitsui Banking Corp, el único analista de Japón que dijo a comienzos de año que el euro cotizaría por debajo de u$s 1,30 este año. “La posición del euro como alternativa al dólar está en duda porque ninguno de los Estados miembros europeos ‘sigue las reglas sobre déficits presupuestarios sentadas por el Tratado de Maastricht”, dijo Daisuke Uno, estratega principal de la filial del tercer grupo bancario de Japón.
La jugada es arriesgada, pero hay más. Incluso hay quienes ven, allá a lo lejos, la posibilidad de que euro y dólar queden empatados. “El euro tendrá paridad con el dólar tarde o temprano según empeora la crisis de deuda de la región”, dijo Christopher Wood, estratega jefe de acciones de CLSA Asia Pacific Markets.
El índice VIX, llamado “índice del miedo inversor”, que suele tomarse a nivel global como el mejor referente de la volatilidad en los mercados, llegó ayer hasta los 33 puntos, un nivel que si bien se ha incrementado en los últimos días, se mantiene muy por debajo de lo registrado el día de la quiebra de Lehman Brothers, cuando se agendó un máximo de 81 puntos. Para los analistas, esto dice que existe una alta aversión al riesgo y cuando esto sucede los mercados de monedas no se recuperan de un día para el otro. |