La ilusión de un rebote duró poco. En rigor, se esfumó en menos de una hora. En ese lapso el índice Merval llegó a avanzar más del 1,7%, alentado por los avances que mostraban los mercados europeos, pero rápidamente comenzó a desbarrancarse. La noticia de que el gobierno alemán prohibiría a los bancos operar en corto al descubierto con bonos y seguros antidefault, para evitar apuestas a la baja que profundicen la tendencia de esos activos, no hizo más que disparar una ola de ventas y acelerar el derrumbe del euro, que, hasta entonces, se recuperaba. Más tarde se supo que la SEC propone paralizar la negociación de papeles en Wall Street (algo que ya se hace aquí) cuando sufran caídas superiores al 10% en menos de cinco minutos, como parte de la nueva regulación para evitar caos bursátiles como el del 6, día en el que el Dow Jones se hundió 9% en minutos sin que aún se haya aclarado si fue un error técnico o no. Para peor, el dólar no deja de apreciarse, lo que ya golpea a todos los precios de las materias primas. En este contexto no sorprendió la baja (4» consecutiva) del 0,12% con que cerró el Merval porteño, que resultó mínima comparada con la del 3,2% del Bovespa. Pero hay que tener presente que uno de los amortiguadores que tuvo fue la carencia de negocios (apenas $ 30,5 millones), un defecto crónico que esta vez se disfrazó de virtud. 5,1%
Javier Blanco
- Fue la caída del Merval en cuatro ruedas. Además, la baja promedio entre los papeles líderes ya llega al 8,9% este mes.
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