Para la presidente Cristina de Kirchner, el rol del Banco Central no debe limitarse a mantener una moneda fuerte, sino que también debe tener entre sus objetivos sostener la actividad económica. Y fue más allá al criticar los postulados de los 90, según los cuales «los bancos centrales deben ser autónomos».
Fue durante la inauguración de la jornada en la que se celebró el 75° aniversario de la creación de la institución.
La titular del Central, Mercedes Marcó del Pont, que habló en la clausura de la jornada, se mostró en un todo de acuerdo con la visión presidencial. «Si no hay una estructura productiva que crece y se diversifica -explicó-, no vamos a garantizar la estabilidad nominal de precios, y menos aún un crecimiento sostenido de la demanda a partir de la creciente participación de los trabajadores y sectores más postergados».
Función
«El mundo económico fue hacia la visión acotada de que la función del Banco Central sólo tenía que ser la estabilidad nominal, pero desvinculada de la economía real», indicó Marcó del Pont. El Central, agregó, avanza hacia un proceso de aumentar la bancarización de la sociedad, ya que «se trata de un factor de inclusión social». Explicó que el acceso al financiamiento es una forma de redistribuir el excedente económico.
La entidad aprobó hace diez días la creación de minisucursales. Se les dio así la posibilidad a bancos para que abran dependencias operativas en zonas de menor densidad de población, con la idea de que los servicios bancarios también puedan llegar a los pequeños pueblos. Estos locales podrán dar créditos y recibir depósitos hasta $ 10.000 y tendrán que cumplir con menores exigencias para abaratar su funcionamiento.
Además, confirmó que próximamente la institución autorizará una nueva línea para prestarles a los bancos que decidan financiar la producción. Se trata de una facilidad destinada a solucionar el descalce de plazo que sufren las entidades: depósitos de corto plazo (30 a 45 días en promedio) contra la necesidad de alargar el plazo de los préstamos a cinco años.
Los invitados a participar en el seminario por el 75° aniversario de la institución también reflejaron este nuevo rol del Central, mucho más ligado a la producción. «Bancos Centrales, desarrollo y política monetaria nacional en el bicentenario», fue el título elegido para la ocasión.
Entre otros, participaron Alfredo Calcagno, que habló sobre llevar adelante «una política monetaria nacional», tal como la bautizó en su momento Raúl Prebisch, fundador y primer gerente general del BCRA.
Gerald Epstein habló del papel de los bancos centrales en una política de desarrollo. También participó del encuentro Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL.
Cristina de Kirchner había señalado que «nadie dice que el signo monetario no tiene importancia. El problema es qué rol se le asigna y qué rol le cabe como instrumento para preservar lo que debe ser el objetivo central de cualquier sociedad capitalista que se precie de tal y que es sostener la actividad económica, sostener la producción, aumentar la generación de empleo y de mejor empleo», explicó la presidente en relación con el papel que debe tener el BCRA.
Además, criticó nuevamente las políticas desarrolladas durante la década del 90 bajo los postulados del Consenso de Washington, de que los bancos centrales «eran autónomos» y su función se restringía al «cuidado de su signo monetario», sin importar el sostenimiento de la actividad económica.
Éstos fueron otros aspectos relacionados con la exposición brindada por la Presidente: · Las políticas destinadas a sostener la actividad económica son las que permiten que un país tenga «más y mejores consumidores, que en definitiva ha sido lo que decidió el triunfo en aquel mundo bipolar entre capitalismo y comunismo. · Es necesario llevar a la práctica una nueva arquitectura financiera internacional que contemple una reforma de fondo de los organismos multilaterales existentes, como el FMI y la ONU, de manera que permitan ver la existencia de un mundo global con gobiernos locales. · Los organismos multilaterales también se manejan «con un doble estándar según cuál sea el país», y puso como ejemplo la presión ejercida sobre naciones como España, Grecia, Portugal e Irlanda, mientras que las naciones más desarrolladas que enfrentan problemas similares no son puestas «bajo la picota». |