Por Hernán de Goñi - Tarde o temprano, la intervención oficial sobre el Indec iba a tener efectos contraproducentes para el propio Gobierno. El aplanamiento de los índices de precios oficiales le quitó rentabilidad a los tenedores de deuda ajustada por CER, pero ahora llegará al extremo de ahorrarle recursos al Tesoro a costa de subestimar la variación del Producto Bruto Interno (PBI). En el pasado, la Casa Rosada aprovechó esta circunstancia para mostrar que la Argentina sufrió mucho menos que otros países el impacto de la crisis financiera de 2009. Pero ahora que los consultores plantean que en el primer trimestre de 2010 la economía está “volando” a un rirtmo de variación cercano a 10%, el Indec no tiene forma de reflejar ese resultado con sus herramientas.
Lo que hay todavía no es crecimiento genuino, sino reactivación. El sentido de la curva es el mismo, pero el impacto hacia el interior del aparato productivo no. El motor casi excluyente de esta tendencia positiva es el consumo doméstico, que explica 80% de la variación. La inversión está mostrando una tibia recuperación, pero según el Estudio Broda todavía está 9,2% por debajo del techo alcanzado en el tercer trimestre de 2008. Algo similar sucede con las exportaciones, que están 14% debajo del máximo nivel alcanzado antes de que actividad comenzara a sumergirse en una fuerte retracción.
El repunte presenta, en la industria, brechas sectoriales enormes. Aunque en el total la variación medida por FIEL es de 10%, en lo que va del año la industria automotriz acumula una mejora de 66,8% frente a 2009, así como la producción de acero alcanzó un incremento de 47,4%. En el otro extremo, el procedamiento de petróleo creció solo 3,1% y la elaboración de alimentos cayó directamente 3,7%.
El campo, mal que le pese al Gobierno, tiene un rol preponderante en este escenario. A una producción de soja estimada de 55 millones de toneladas (contra 32 millones de 2009), se le agregará este año un mejor desempeño del trigo. Para Broda, el sector explica 3,5 puntos de la mejora que tendrá el PBI. Su proyección para el año (diciembre contra diciembre) trepa a 7%, en línea con el porcentaje ya arriesgado en mayo por el estudio de Miguel Bein.
El temor de todos los consultores (que todavía no le han asignado un efecto relevante a nivel interno a la crisis financiera de Europa) es la inflación. Con excepción de las señales emitidas en la paritaria del Estado (cobrarán 21%) y por el gremio de Hugo Moyano, que aspirará a un modesto 20%, nada hace esperar que la variación de los precios tenga techo. Menos aún por la cantidad de pesos que el Banco Central pondrá en el mercado.
La política monetaria es vista como una de las áreas más delicadas para monitorear en el segundo semestre del año. A las necesidades ya explicitadas de pagar deuda, financiar al Fisco y comprar el excedente de dólares, se le agregó al Central la tarea de entregar pesos para abaratar la entrega de créditos productivos. Si no quiere que la base monetaria crezca más de 30%, tendría que absorber a través de Lebac alrededor de $ 19.000 millones (además de renovar el stock existente).
Con tantos recursos a la mano, el kirchnerismo está lanzado a dar un envión mayor al gasto público. Hay riesgos visibles, pero también pocos frenos institucionales con capacidad de actuar con eficacia. Si la recaudación crece al ritmo actual, el sector público podría tener un ingreso extra cercano a los $ 10.000 millones. Una tentación irresistible para los políticos. Pero también combustible para la inflación. |