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| Se acabaron ya los años con un dólar superalto |
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24/06 - 10:12 Ambito Financiero |
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Por: Miguel A. Kiguel y Eric Ritondale (*) - En 2001 se pensaba que si por milagro se pasaba a una convertibilidad con un tipo de cambio de 1,40, la Argentina hubiera recuperado su competitividad y mantenido la estabilidad financiera. Pero la crisis llevó a una fuerte devaluación que mantuvo el tipo de cambio real muy competitivo por varios años. Se dio lo que se conoce como «overshooting cambiario»: por un tiempo el tipo de cambio se depreció mucho más de lo que era necesario.
Diez años después, y gracias a una inflación que ha superado en forma consistente a la depreciación del peso, el tipo de cambio real, una medida de competitividad, ya ha vuelto a ese famoso 1,40 y de hecho, hoy ya se ubica un poco por debajo de ese nivel. Así, el tipo de cambio real «superalto» ya ha desaparecido y todo indica que hoy estamos con muy poco margen y mucho más cerca de lo que sería el tipo de cambio real de «equilibrio».
Si todo sigue como hasta ahora, en los próximos meses la inflación y las subas de salarios le seguirán ganando a la devaluación. De ser así, en algún momento volveremos a experimentar el insidioso atraso cambiario y nuevamente habrá presiones de los sectores exportadores para que se devalúe la moneda.
Una de las preguntas relevantes es si efectivamente hoy el tipo de cambio real está cerca del equilibrio, si hay colchón cambiario con lo cual habría margen para «aguantar» algo más de apreciación en términos reales o si ya tenemos atraso cambiario. La cuenta fácil de comparar la evolución de los precios y el tipo de cambio indica que queda algo de «colchón» relativo al año 1998, el último de los años 90 con crecimiento del PBI. Pero hay dos problemas con este cálculo.
Primero que no es simple calcular el tipo de cambio real de equilibrio, ya que éste cambia a través del tiempo de acuerdo con la evolución de algunas variables claves como los precios de las exportaciones, el nivel de gasto público y los cambios en la productividad y el PBI per cápita.
Balance positivo
Cuando uno mira el conjunto de indicadores macroeconómicos parecería que con este tipo de cambio todavía no hay problemas de competitividad para la economía en su conjunto, especialmente dado que el precio de la soja se mantiene muy por encima de los niveles en que estaba en los noventa. Esto permite un balance comercial positivo. Al mismo tiempo, las exportaciones industriales siguen creciendo.
El segundo problema es que el tipo de cambio de equilibrio es un promedio, con lo cual puede alcanzar para la soja y los sectores más competitivos, pero ya empieza a apretar el zapato para otros que han tenido aumentos muy fuertes en los costos en pesos y que no han logrado importantes aumentos en la productividad.
Pero el colchón cambiario aparece sólo en la foto, si uno mira la película el panorama es diferente. Los problemas aparecen ya que la inflación y las subas salariales seguramente continuarán al 2% mensual en promedio mientras que la depreciación del peso respecto del dólar será como máximo la mitad. A este ritmo empezarán a aparecer tensiones en algunos sectores en los próximos meses mientras que para la economía en su conjunto puede empezar a haber problemas para fin de año o principios de 2011.
Hay factores que pueden morigerar o complicar este escenario. A nivel local podría ayudar si se produjera un aumento importante en la productividad respecto a otros países. Si bien es cierto que la devaluación del peso en 2002 permitió bajar fuertemente los costos laborales en dólares, cuando se comparan los aumentos salariales que siguieron y los aumentos en la productividad laboral, se observa que en la Argentina el «colchón» se esfumó en los últimos años. Los aumentos salariales en dólares han sido muy superiores a los aumentos en la productividad laboral. Y ya no hay margen para que eso continúe.
A nivel internacional habrá que seguir muy de cerca si el euro se sigue debilitando y en especial lo que pase con el real en Brasil, porque si el real se deprecia van a aumentar las presiones para que el Central sea más agresivo en la depreciación del peso. El otro indicador que habrá que seguir es el precio internacional de la soja, que por ahora se ha mantenido en buenos niveles a pesar de la turbulencia financiera internacional gracias a que China sigue creciendo. Pero tendremos que rezar para que esto no cambie.
En síntesis, mientras que es difícil argumentar que hoy el peso está sobrevaluado, también está claro que se acabaron los años del dólar «súper alto». Todo indica que la política cambiaria está priorizando la estabilidad financiera y la inflación por sobre la competitividad, y que en la medida en que se mantenga esta política seguramente en algún momento volverá el atraso cambiario. Y cuando esto pase, y menos se deprecie el tipo de cambio -para controlar la inflación-, va a haber más volatilidad en otras variables financieras, especialmente en la tasas de interés.
(*) Economistas de Econviews |
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